La noche que enterré a mi primer marido. Y no, no lo maté yo.
Mi primer marido se murió un martes. No lo maté yo, aunque a veces pienso que debería haberlo hecho. Se murió de una muerte tonta, de esas que no avisan. Y yo, que había jurado amarlo hasta que la muerte nos separara, cumplí. Pero no con amor. Con rabia. Con una botella de vino. Y con la certeza de que la muerte, a veces, es un regalo. Esta es la historia de cómo enterré a mi primer marido. Y de cómo, al hacerlo, empecé a enterrar también a la mujer que había sido.
Leer más