Hechizos para el desamor: la brujería callejera que te va a fascinar.
📖 ¿Sabías que…?
El chamanismo, como práctica espiritual y de sanación, es un fenómeno antropológico presente en culturas de todo el mundo, desde Siberia hasta América. Lejos de ser una moda, sus raíces se hunden en la prehistoria, donde los chamanes actuaban como mediadores entre el mundo humano y el de los espíritus. En el folclore popular mexicano, esta tradición milenaria se fusionó con las cosmovisiones indígenas y las prácticas curanderiles, creando un rico y complejo sistema de creencias que aún perdura. Desde el México prehispánico hasta nuestros días, los rituales de sanación, protección y, por supuesto, los relacionados con el amor y el desamor, han sido una constante en la cultura popular. En este post, te proponemos explorar algunos de estos remedios y conjuros tradicionales para el desamor, no como una instrucción mágica, sino como un viaje a las profundidades de nuestro propio folclore y su poder simbólico.
— Esteban Luarca Mendiazábal te presenta este post de Marta la Mala, desde la tradición de su linaje.
«El desamor duele como una patada en el estómago. Y cuando duele, la gente busca cualquier cosa para aliviar el dolor. Yo, que he probado todo, te digo que a veces, la magia funciona. No es magia bonita. Es magia callejera. De la que aprendí de mi madre, la bruja.»
— Marta la Mala
Hechizos para el desamor: la brujería callejera que te va a salvar (o a hundir)
Cuando mi segundo marido se fue con una más joven, yo no lloré. No pude. Me quedé en la cocina, con una botella de vino, mirando la puerta que se había cerrado. Y pensé: «esto no puede ser. No puede doler tanto». Y entonces, recordé a mi madre. Recordé sus manos, sus hierbas, sus rituales. Y supe lo que tenía que hacer.
La magia, querida, no es para los débiles. No es para los que quieren soluciones rápidas. Es para los que están dispuestos a hacer el trabajo. A mirar la oscuridad. A poner las manos en la tierra. Y a veces, a ensuciarse. Literalmente.
Mi madre decía: «La magia no es un atajo. Es un camino. Un camino que te exige estar presente, estar atenta, estar dispuesta a ver lo que no quieres ver». Y yo, que estaba en el fondo del pozo, vi lo que no quería ver: que no era él. Era yo. Yo que había elegido a un hombre que no me quería. Yo que había aguantado años de desprecio. Yo que me había olvidado de mí misma. Y la magia, la magia de mi madre, me ayudó a recordarlo.
«La magia no es para los débiles. Es para los que están dispuestos a hacer el trabajo. A mirar la oscuridad. A poner las manos en la tierra. Y a veces, a ensuciarse. Literalmente.»
Antes de empezar: lo que tienes que saber
No voy a darte un manual de brujería bonita. No voy a decirte que esto es infalible. La magia, como la vida, no es infalible. A veces funciona. A veces no. Pero siempre, siempre, te enseña algo. Te obliga a parar. A mirar. A poner intención. Y eso, querida, es más de lo que consigues llorando en el sofá.
- La intención es todo. No sirve de nada hacer un hechizo si no estás presente. Si tu mente está en otra parte. Si no crees en lo que haces. La magia es intención. Y la intención, querida, se siente.
- No hagas daño. No te voy a dar hechizos para hacer daño. Eso vuelve. Siempre vuelve. La magia no es un arma. Es una herramienta. Úsala para curar, para cerrar, para soltar. No para vengarte.
- Lo que pides, tienes que estar dispuesta a recibirlo. Si pides que te olvide, prepárate para olvidar. Si pides soltar, prepárate para soltar. La magia no es un juego. Es un compromiso.
- La magia no hace el trabajo por ti. Te da impulso. Te da dirección. Te da fuerza. Pero el trabajo, el trabajo de verdad, lo tienes que hacer tú. La magia no es un atajo. Es un acompañante.
Hechizo 1: El nudo que se deshace (para cortar el vínculo emocional)
Este hechizo es para cuando necesitas cortar el vínculo con alguien. No para olvidarlo. Para soltarlo. Para dejar de sentir su energía, su presencia, su peso. Es un hechizo sencillo, pero poderoso.
Materiales:
- Una cuerda o cordel de algodón (puede ser un cordón de zapato viejo).
- Una vela blanca (o roja si quieres más intensidad).
- Un poco de sal.
Procedimiento:
- Enciende la vela. Siéntate en el suelo, con la cuerda en las manos.
- Haz un nudo en la cuerda. Mientras lo haces, piensa en la persona que quieres soltar. Piensa en todo lo que te une a ella. En las emociones, en los recuerdos, en la dependencia.
- Di en voz alta (o en voz baja, pero con fuerza): «Te suelto. Te dejo ir. No eres mío. No soy tuya. Este vínculo se rompe.»
- Deshaz el nudo lentamente. Siente cómo se deshace la conexión. Cómo el peso se va. Cómo la energía se libera.
- Cuando el nudo esté deshecho, echa un poco de sal sobre la cuerda y di: «Que la sal purifique. Que lo que fue, se vaya. Que lo que queda, sea mío».
- Guarda la cuerda en un lugar donde no la veas, o entiérrala en la tierra. Y olvídala.
«Mi madre decía: ‘El nudo que se deshace no es un olvido. Es una liberación. Y la liberación, querida, duele. Pero duele porque está funcionando’. Y tenía razón.»
Hechizo 2: La bañera de sal (para limpiar el dolor del rechazo)
Cuando el rechazo te duele como una herida abierta, necesitas limpiar la herida. Este hechizo es para eso. Para limpiar el dolor, la humillación, la sensación de no ser suficiente. Es un ritual de limpieza profunda.
Materiales:
- Sal gruesa (de la de cocinar, o sal de mar).
- Agua tibia.
- Una vela blanca.
- Un puñado de romero (si no tienes, no pasa nada).
Procedimiento:
- Llena la bañera con agua tibia. Enciende la vela y colócala donde puedas verla.
- Echa un puñado generoso de sal al agua. Si tienes romero, échalo también. Mientras lo haces, di: «Que el agua limpie mi piel. Que la sal limpie mi alma. Que el romero traiga paz.»
- Métete en el agua. Cierra los ojos. Respira hondo. Siente cómo el agua te envuelve. Cómo la sal te limpia. Cómo el dolor se va disolviendo.
- Visualiza el dolor. Como una mancha negra. Y visualiza cómo el agua se la lleva. Cómo se va por el desagüe. Cómo ya no está.
- Quédate en el agua el tiempo que necesites. Cuando salgas, no te seques con la toalla. Deja que el agua se seque sola en tu piel. Mientras tanto, di: «Estoy limpia. Estoy nueva. Estoy lista para seguir.»
Hechizo 3: La carta que no se envía (para cerrar el ciclo)
Este es un hechizo de cierre. Para cuando necesitas decir adiós. Para cuando necesitas poner palabras a lo que sientes, pero no quieres (o no puedes) decírselo a la otra persona. Es un ritual de escritura. Y la escritura, querida, es magia. Siempre lo ha sido.
Materiales:
- Papel y bolígrafo.
- Un sobre.
- Una vela blanca.
Procedimiento:
- Enciende la vela. Siéntate con el papel y el bolígrafo.
- Escribe una carta a la persona que quieres soltar. No la envíes. No la pienses demasiado. Escribe lo que sientes. La rabia, el dolor, la tristeza, el amor que no se fue. Todo. Sin censura. Sin filtros.
- Cuando termines, lee la carta en voz alta. Mientras la lees, siente cómo las palabras se liberan. Cómo el peso se va.
- Dobla la carta y métela en el sobre. No la cierres.
- Quema la carta con la vela. Mientras se quema, di: «Esto se acaba. Esto se va. Esto no me pertenece. Esto es tuyo. Yo me quedo conmigo.»
- Deja que las cenizas se enfríen. Después, tíralas al viento o al agua. Y no mires atrás.
«La carta que no se envía es la más poderosa. Porque no la escribes para él. La escribes para ti. Para liberar lo que llevas dentro. Y quemarla, querida, es el acto final de liberación.»
Hechizo 4: El espejo del amor propio (para recordarte quién eres)
El desamor te hace olvidar quién eres. Te hace sentir que no vales. Que no eres suficiente. Que no mereces ser amada. Este hechizo es un recordatorio. Un recordatorio de que, antes de él, ya existías. Y que, después de él, vas a seguir existiendo.
Materiales:
- Un espejo.
- Un lápiz labial rojo (o cualquier cosa que escriba).
- Una vela blanca.
Procedimiento:
- Enciende la vela. Colócala frente al espejo.
- Mírate al espejo. Mírate a los ojos. Sin desviar la mirada. Respira hondo.
- Con el lápiz labial (o el rotulador), escribe en el espejo las palabras que necesitas oír. Las que él no te dijo. Las que te has negado a decirte a ti misma. Por ejemplo: «Soy suficiente». «Merezco amor». «Estoy viva». «Puedo con esto».
- Lee las palabras en voz alta. Mírate a los ojos mientras las dices. Siente cómo las palabras entran en ti. Cómo se quedan. Cómo te recuerdan quién eres.
- Deja las palabras en el espejo el tiempo que necesites. Cuando te sientas lista, bórralas con un paño húmedo. Y di: «Ya lo sé. Ya lo he visto. Ya no necesito que me lo recuerden.»
Hechizo 5: El vino de la despedida (para brindar por lo que se fue)
Este es mi hechizo favorito. El más simple. El más auténtico. No necesita velas ni sal ni hierbas. Solo vino. Y ganas de brindar por lo que se fue. Y por lo que viene.
Materiales:
- Una botella de vino (tinto, mejor).
- Una copa.
- Un lugar tranquilo (puede ser tu cocina, tu terraza, el lugar donde te sientas segura).
Procedimiento:
- Sirve una copa de vino. Siéntate en un lugar tranquilo. Respira hondo.
- Levanta la copa. Mírala. Siente el peso del vino, el calor de la copa en tu mano.
- Di en voz alta: «Brindo por lo que se fue. Por el amor que no fue. Por el tiempo que perdí. Por las lágrimas que derramé. Por las noches sin dormir. Brindo por todo eso. Y lo suelto. Con esta copa, lo suelto. Y brindo por lo que viene. Por lo que no conozco. Por lo que me espera. Brindo por mí.»
- Bebe el vino. Lentamente. Sintiendo cada sorbo. Mientras bebes, visualiza cómo todo ese dolor, esa rabia, esa tristeza, se van disolviendo con el vino. Cómo se quedan en la botella vacía, y no en ti.
«El vino de la despedida no es un consuelo. Es una celebración. La celebración de que, aunque hayas perdido, sigues aquí. Y que, aunque duela, la vida sigue. Y el vino, querida, te recuerda que mereces brindar por ti. Siempre.»
El cierre de Marta
Y estos son mis hechizos para el desamor. Los que aprendí de mi madre, los que he hecho en mis noches de vino y silencio, los que me han ayudado a seguir cuando no podía más. No son infalibles. No son mágicos. Son herramientas. Herramientas para poner intención, para parar, para mirar. Y el resto, el trabajo de verdad, te toca a ti.
La magia no hace el trabajo por ti. Te da impulso. Te da dirección. Te da fuerza. Pero el trabajo, el trabajo de verdad, lo tienes que hacer tú. La magia no es un atajo. Es un acompañante. Y a veces, ese acompañante es lo único que tienes para no perderte.
Así que, si estás en medio del desamor, si te duele, si no sabes cómo salir, prueba uno de estos hechizos. No pierdes nada. Y puede que ganes algo. Puede que ganes paz. Puede que ganes claridad. Puede que ganes la fuerza para seguir. Y eso, querida, es más de lo que consigues llorando en el sofá.
Y si no funcionan, no pasa nada. La magia no siempre funciona. La vida no siempre funciona. Pero el intento, el intento de hacer algo, de poner intención, de no rendirse, eso, querida, es la verdadera magia. La que no se enseña. La que no se compra. La que se lleva dentro. Y esa, la magia de no rendirse, es la única que siempre, siempre, funciona.
Si te ha dolido, es que es tu historia. Y si es tu historia, compártela. O no. Pero al menos, prueba un hechizo. Por ti. Porque te lo mereces.
👉 ¿Has probado algún hechizo para el desamor?
Cuéntame en comentarios. O no. Pero si te ha funcionado, ya sabes que la magia no es solo para los demás. También es para ti.
— Marta la Mala, 63 años, tres maridos, dos viudeces, una hija que no me habla, y una vida entera de hechizos que me han salvado.
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