El chico que alquila recuerdos
Por eso los venden.
Por eso los compran.
Por eso los olvidan.»
La primera vez que supo que existía fue a través de un anuncio en el metro. Pegado en un rincón, casi invisible. Papel amarillento, letras pequeñas. Decía: «¿Necesitas dinero? Vende tus recuerdos. Discreción garantizada.»
No había teléfono. Solo una dirección. Un sótano en el barrio de las calles sin nombre. Y un horario: de medianoche a cinco de la madrugada. Porque los recuerdos, pensó ella, también son cosas de la noche.
⚡ EL ENCUENTRO
Él llevaba años extrayendo recuerdos. Manos firmes, mirada vacía. Hasta que ella apareció. Y sus manos temblaron. Porque la reconoció. Pero ella no lo recordaba a él.
—¿Es aquí donde venden recuerdos? —preguntó ella, con la voz temblorosa.
Él levantó la mirada. Y el mundo se detuvo. No era posible. No podía ser ella. Habían pasado diez años. Diez años desde que él había empezado a trabajar allí, en aquel sótano sin ventanas, extrayendo recuerdos de desconocidos. Diez años desde que había decidido que el amor era un lujo que no podía permitirse.
Pero allí estaba ella. Con el mismo pelo revuelto. Con los mismos ojos que habían brillado en su adolescencia. Con la misma forma de morderse el labio cuando estaba nerviosa. Y él, que había visto cientos de recuerdos, que había tocado la felicidad de miles de personas, sintió que su corazón se detenía.
—Siéntate —dijo él, con la voz más firme de lo que se sentía—. Cuéntame qué recuerdo quieres vender.
Ella se sentó frente a él. Y entonces, ella empezó a hablar. Habló de un hombre. De un amor que había durado tres años. De un recuerdo que la perseguía. De una noche en la playa, en la que él le había dicho que siempre estaría ahí.
Y mientras ella hablaba, él la escuchaba. Y en su cabeza, en la suya propia, resonaban imágenes de una noche de verano. De una chica de pelo revuelto. De una promesa. De una despedida. De un «nunca te olvidaré».
🔹 LA EXTRACCIÓN
El proceso era sencillo. Ella se recostaba en el sillón. Él colocaba sus manos sobre sus sienes. Y entonces, los recuerdos fluían. Imágenes. Sensaciones. Olores. Todo lo que ella había vivido aquella noche en la playa. Y él lo veía todo. Y también veía a la chica de pelo revuelto que había sido ella.
Pero había algo que él no le había dicho. Algo que ella no recordaba. Que aquel hombre, aquel amor de su vida, había sido él. Que él había sido quien la había besado aquella noche. Que él había sido quien le había prometido que siempre estaría ahí. Y que él, por un error, por una mala decisión, se había ido.
Y ahora, diez años después, ella estaba allí. Vendiendo ese recuerdo. Vendiendo la única prueba de que él había existido en su vida. Vendiendo el amor que él había roto.
—¿Cuánto me das por él? —preguntó ella, con una sonrisa triste.
Él la miró. Y en sus ojos, en esa mirada que ella ya no reconocía, había una pregunta. Una pregunta que no se atrevía a formular en voz alta: «¿Y si te dijera que ese recuerdo es mío también?»
Pero no lo dijo. En su lugar, levantó la mano. La colocó sobre las sienes de ella. Y empezó a extraer. A extraer la noche en la playa. A extraer el beso. A extraer la promesa. A extraer todo lo que un día había sido suyo.
Y mientras lo hacía, mientras veía cómo el recuerdo se desvanecía de la mirada de ella, sintió algo que no había sentido en años: el peso de un amor que no había sabido conservar. Y supo que, aunque ella olvidara, él recordaría siempre. Y que esa era su condena.
✦ EL PRECIO ✦
Ella salió del sótano con el dinero en el bolsillo.
Y sin el recuerdo de aquella noche.
Y sin el recuerdo de él.
Él se quedó en el sótano. Con el recuerdo en sus manos. Y con la certeza de que, aunque ella no lo recordara, él siempre la recordaría a ella.
—Nunca te olvidaré —susurró él, cuando la puerta se cerró.
Y esta vez, no era una promesa. Era una condena.
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Si alguna vez has deseado olvidar a alguien, esto es para ti.
El olvido no es un alivio. Es una condena. Porque cuando olvidas, también olvidas quién eres.
📖 Eva Álvarez · 13nix
⏱️ Lectura: 8 min
#RelatoDeAmor #Recuerdos #CienciaFicciónRomántica

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