La última noche que fuimos nosotros
Estoy sentada en el aeropuerto. El avión despega en veinte minutos. Y sé que tú estás dentro. Sé que esta es la última vez que te veré.
Y entonces, mientras el avión se eleva y yo me quedo en tierra, empiezo a recordar.
No sabía que estaba llorando hasta que sentí la sal en los labios. Y entonces, en ese instante, en el momento exacto en que supe que te habías ido, comprendí que el amor no es lo que te construye. Es lo que te deshace. Lenta, dulce, irremediablemente.
Y yo, querido lector, llevaba años deshaciéndome. Y tú, sin saberlo, llevabas años deshaciéndome conmigo. No es una queja. Es una confesión. Es algo mío, algo que me pertenece, algo que he guardado en el fondo de la garganta durante demasiado tiempo.
⚡ LA PRIMERA VEZ
La primera vez que te vi fue en una librería de segunda mano. Tú buscabas un libro de poesía. Yo buscaba una excusa para no volver a casa. Y entonces, nuestras manos se tocaron al coger el mismo ejemplar. Y en ese roce, en ese instante que duró apenas un segundo, sentí algo que no había sentido nunca. Algo que no sabía nombrar. Algo que era mío y que, sin saberlo, te estaba dando a ti.
—Es tuyo —dijiste, con una sonrisa que se quedó grabada en mi memoria como un tatuaje.
—No, es tuyo —respondí, sin saber que en ese momento te estaba dando algo más que un libro. Te estaba dando una parte de mí. Una parte que aún no conocía, que aún no había explorado, que aún no sabía que existía.
Y entonces, sin mediar palabra, te sentaste a mi lado. Y empezaste a leer en voz alta. Y yo, que nunca había escuchado poesía con la piel, sentí cómo las palabras se clavaban en mi pecho como pequeñas agujas de hielo. No eran las palabras. Era tu voz. Era el temblor de tus dedos al pasar las páginas. Era la forma en que me mirabas, como si yo fuera el poema que estabas leyendo.
Y desde aquel día, desde aquel instante, supe que no volvería a ser la misma. No era una decisión. Era una certeza. Era saber que, pase lo que pase, aquel encuentro, aquella librería, aquella poesía, iban a acompañarme para siempre. Y no me equivoqué.
Lo nuestro no fue fácil. Lo nuestro fue intenso. Fue un incendio que empezó sin avisar y que, cuando intentamos apagarlo, ya era demasiado tarde. Quemamos todo. Quemamos las reglas. Quemamos las advertencias. Quemamos las promesas que nos habíamos hecho a nosotros mismos. Y en medio de las llamas, en medio del humo, en medio de todo lo que se desmoronaba, nos encontramos. Y nos perdimos. Y nos volvimos a encontrar. Y nos volvimos a perder. Hasta que, al final, no supimos si estábamos ardiendo o renaciendo.
☾ EL DESEO
El deseo no entiende de reglas. El deseo no pide permiso. El deseo es un animal salvaje que se cuela en la cama, que se instala en la piel, que se queda a vivir en el fondo de los ojos. Y yo, querido lector, te deseaba. Te deseaba con una intensidad que me asustaba. Te deseaba como nunca había deseado a nadie. Te deseaba como si mi vida dependiera de ello. Y en cierto modo, dependía. Porque sin ti, sin tu deseo, sin tu piel, sin tu voz, yo no era yo. Era una sombra. Era un eco. Era la promesa de algo que aún no había ocurrido.
Aquella noche, la noche que ahora recuerdo mientras el avión se eleva, fue la noche en que todo cambió. No hubo un momento exacto. Fue un proceso lento, como la marea que sube sin que te des cuenta. Pero cuando el agua llegó, ya no pudimos escapar. Y nos ahogamos. Nos ahogamos en nosotros mismos. Nos ahogamos en el deseo. Nos ahogamos en la certeza de que, pase lo que pase, aquella noche sería la última.
Y entonces, te toqué. No fue un gesto planeado. Fue una rendición. Fue dejar caer todas las barreras, todos los «no debería», todas las advertencias. Fue rendirme al abismo, cerrar los ojos y saltar. Y en ese salto, en esa caída libre, entendí por qué el amor prohibido es tan adictivo.
No es solo el amor. Es la transgresión. Es el saber que estás haciendo algo que no deberías. Es la adrenalina de lo clandestino. Es el riesgo de ser descubierto. Es la intensidad de un beso que sabe a peligro. Es la certeza de que, aunque el mundo se derrumbe, ese instante vale la pena. Y el mundo, querido lector, se derrumbó.
✦ AQUELLA NOCHE ✦
No recuerdo quién besó a quién primero. Recuerdo la sensación. La de tus labios contra los míos. La de tu mano en mi nuca. La de tu cuerpo contra el mío.
Recuerdo el sabor de la sal. Recuerdo el temblor de tus dedos. Recuerdo el sonido de tu respiración, entrecortada, como si el aire se hubiera vuelto un lujo que solo podíamos compartir.
Recuerdo todo. Porque todo era mío. Y todo te lo estaba dando. Y no me importaba. No me importaba el mañana. No me importaba el después. Solo me importaba el ahora. Solo me importaba tú.
Y después, después de aquella noche, todo cambió. Cambió la forma en que te miraba. Cambió la forma en que me miraba a mí misma. Cambió la forma en que entendía el amor, el deseo, la pasión. No fue un cambio radical. Fue un cambio lento, silencioso, como el invierno que se cuela sin avisar. Pero cuando llegó, ya no había manera de detenerlo.
Te amé como no había amado a nadie. Te amé con la furia de los que han jurado no volver a amar. Te amé con el desgarro de los que saben que el final va a doler. Te amé con la desesperación de los que se agarran a un clavo ardiendo aunque sepan que van a quemarse. Y me quemé. Claro que me quemé. Pero, querido lector, fue la quemadura más hermosa que he sentido nunca.
Y ahora, aquí, en este aeropuerto, viendo cómo el avión se pierde en el horizonte, entiendo que aquella noche no fue el final. Fue el principio de otra cosa. De un amor que no termina, pero que ya no sabe cómo hablar. De un deseo que no se apaga, pero que ya no tiene a quien dirigirse. De una historia que se queda en el aire, como el humo de un cigarrillo que alguien dejó a medio fumar.
✦ EL ADIÓS ✦
No te dije adiós aquella noche. No me atreví. No pude. Las palabras se quedaron atrapadas en mi garganta, como piedras, como un nudo que no podía deshacer.
Pero ahora, mientras el avión se aleja, quiero que sepas algo. Algo que siempre fue mío, pero que nunca tuve el valor de decirte.
No fue solo amor. Fue todo. Fue el deseo, fue la pasión, fue la locura, fue la rendición. Fuiste tú, y fui yo, y fuimos nosotros. Y aunque hayamos terminado, aunque estemos en aeropuertos distintos, aunque el tiempo nos haya separado, siempre serás mío. Y siempre seré tuya.
—Nunca te olvidaré —susurro, mientras el avión desaparece en el horizonte.
Y esta vez, no es una promesa. Es una certeza.
El amor, querido lector, no es para siempre. El amor es para ahora. Y el ahora, aunque haya pasado, aunque esté en un avión que se aleja, aunque no vuelva a verte, sigue doliendo. Sigue vivo. Sigue siendo mío.
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Si alguna vez has amado a alguien sabiendo que ibas a perderlo, esto es para ti.
El amor no se olvida. Se transforma. Se vuelve silencio. Se vuelve ausencia. Pero nunca, nunca desaparece del todo.
📖 Eva Álvarez · 13nix
⏱️ Lectura: 12 min
#AltoVoltaje #AmorProhibido #NarrativaÍntima
