Qué estudiar cuando todo el mundo te da consejos (y nadie te escucha)
Hay un momento en la vida que recuerdo con especial nitidez en casi todas las entrevistas que hago a jóvenes. Es el momento en que, con 16 o 18 años, alguien les pregunta: «¿Y tú qué vas a estudiar?». Y detrás de esa pregunta vienen los consejos no pedidos: los padres que quieren que sean médicos, los abuelos que hablan de la «carrera de toda la vida», los profesores que recomiendan según sus propias asignaturas, los amigos que ya lo tienen claro. En medio de todo ese ruido, la voz que menos se escucha es la del propio joven.
He visto a personas que escogieron una carrera por presión y fueron infelices durante años. Y he visto a personas que desafiaron todas las expectativas y construyeron una vida plena. Lo que separa a unos de otros no es el título, es haberse hecho la pregunta correcta. No «¿qué carrera da más dinero?», sino «¿qué tipo de vida quiero tener?» y «¿qué se me da bien hacer?».
“A los 18 años no puedes saber lo que harás el resto de tu vida. Y quien te diga que sí, miente. Lo que puedes hacer es elegir una dirección. Y si no te gusta, cambiar. El mundo no se acaba por cambiar de opinión.”
— Esteban Luarca, respondiendo a un estudiante en Bilbao
El peso de la presión familiar (y cómo gestionarlo)
He entrevistado a una chica de 24 años, licenciada en Derecho, que odia su trabajo. Cuando le pregunté por qué estudió Derecho, me dijo: «Porque mi padre es abogado y siempre quiso que lo fuera. Me metí en la carrera sin preguntarme si me gustaba. Ahora tengo un título y un trabajo que no soporto. Estoy ahorrando para hacer un ciclo de Diseño Gráfico, que es lo que siempre quise hacer, pero tuve miedo de decírselo a mi familia».
Esta historia se repite con variaciones: la madre que quiere que su hija sea enfermera, el tío que recomienda Administración de Empresas, el abuelo que aún cree que el periodismo es «una carrera con futuro». La familia suele proyectar sus propias frustraciones y aspiraciones en los jóvenes. No siempre con mala intención, pero casi siempre con poca conciencia.
Desde mi archivo, lo que mejor ha funcionado en los casos que he visto es un ejercicio sencillo: separar el amor de la aprobación. Escucha a tu familia, agradéceles su preocupación, pero tómate un tiempo para decidir solo. Habla con profesionales de distintos sectores, haz test de orientación, pero sobre todo, pregúntate a ti mismo qué te haría levantarte con ganas cada mañana.
“Mis padres querían que estudiara Medicina. Yo siempre quise ser profesor de historia. Me enfrenté a ellos, me costó lágrimas, pero al final cedieron. Hoy soy profesor en un instituto de Zaragoza, y cuando veo a mis alumnos apasionarse por la historia, sé que tomé la decisión correcta. No por el dinero, sino por la alegría.”
— Entrevista a un profesor de 34 años, Archivo de Vocaciones, 2024
El miedo a equivocarse (y por qué es infundado)
Una de las mayores fuentes de ansiedad que encuentro en mis entrevistas es el miedo a elegir mal. Los jóvenes sienten que la decisión de qué estudiar es definitiva, que si fallan, arruinarán su vida. Y esa presión es paralizante. Pero la vida laboral ya no es lineal. Hace décadas, la gente estudiaba una carrera y trabajaba en ello 40 años. Hoy, la persona media cambia de sector entre 3 y 5 veces.
He entrevistado a un hombre de 52 años que fue ingeniero, luego empresario, y ahora es profesor de formación profesional. Me dijo: «Si a los 18 me hubieran dicho que terminaría dando clase, me habría reído. Pero cada etapa me enseñó algo. Ninguna decisión fue un error, porque todas me llevaron a donde estoy». Esa es la actitud que he visto en las personas más realizadas: ver los cambios como evolución, no como fracaso.
Los errores que he visto cometer (y cómo evitarlos)
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Elegir solo por salida profesional — El mercado cambia. Lo que hoy tiene salida, mañana puede no tenerla. Elige algo que te guste, porque eso te dará energía para adaptarte. -
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Ignorar tus habilidades naturales — Si se te dan mal las matemáticas, estudiar ingeniería será una tortura. Busca lo que se te da bien y poténcialo. -
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No investigar el día a día — Una cosa es la asignatura y otra el trabajo. Pide hacer prácticas o habla con profesionales para saber cómo es realmente. -
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Dejarse llevar por la moda — Hace 10 años era Arquitectura, hace 5 era Derecho, ahora es Data Science. La moda pasa. Tú te quedas.
Un método sencillo para decidir (probado con mis entrevistados)
He visto que las personas que toman mejores decisiones suelen seguir un proceso que llamo el «triángulo de la decisión». No es mágico, pero ha funcionado en decenas de casos de mi archivo. Consiste en responder tres preguntas y cruzar las respuestas:
❤️
PASIÓN
¿Qué se te da bien y te hace perder la noción del tiempo?
💪
TALENTO
¿Qué habilidades tienes que otros valoran?
💰
MERCADO
¿Hay demanda para lo que quieres hacer?
La mejor decisión está en la intersección de estas tres cosas.
“No elijas lo que otros quieren para ti. Elige lo que te hace sentir vivo. Porque el trabajo ocupa la mayor parte de tu vida, y merece la pena hacer algo que te importe.”
Una última conversación con tu yo del futuro
En mis entrevistas, a menudo hago este ejercicio: «Escribe una carta a tu yo de dentro de 10 años». ¿Qué le dirías? ¿Le pedirías que se arriesgara más? ¿Le dirías que no tuviera miedo a equivocarse? ¿Le pedirías que escuchara menos a los demás y más a sí mismo?
La mayoría de los que han hecho este ejercicio me han dicho que, al leerla, se dieron cuenta de que lo que realmente les importaba no era el título, sino la libertad de elegir. Así que, si estás leyendo esto y estás en ese momento de duda, tómate tu tiempo. Habla con quien necesites, pero no dejes que nadie decida por ti. El futuro no es un destino, es un camino que se construye paso a paso. Y el primer paso es escucharte a ti mismo.
— Esteban Luarca Mendizábal, desde el archivo de los sueños, julio de 2026.
