Si hay un debate que se repite en mis entrevistas con jóvenes y sus familias, es la disyuntiva entre universidad y Formación Profesional. Los padres preguntan con angustia: «¿Qué es mejor para mi hijo?». Los jóvenes preguntan con miedo: «¿Qué camino me dará más oportunidades?». Y yo, después de miles de conversaciones, siempre respondo lo mismo: no hay un camino mejor, hay caminos distintos, y la clave está en conocerse a uno mismo y al mercado. Pero la realidad es que, en España, hemos construido una jerarquía imaginaria que coloca la universidad por encima de la FP, y esa jerarquía está haciendo mucho daño.

“La FP no es un plan B. Es un plan A para quienes quieren aprender haciendo. Y la universidad no es un fracaso si no encuentras trabajo rápido. El problema no es el título, es la desconexión entre lo que enseñamos y lo que el mundo necesita.”

— Esteban Luarca Mendizábal

El mito de la universidad como «garantía»

He entrevistado a decenas de personas con títulos universitarios que trabajan en lo que no han estudiado. No porque sean menos válidos, sino porque el mercado laboral no absorbe a todos los graduados. Una chica de 28 años, licenciada en Periodismo, me dijo: «Estuve dos años buscando trabajo en medios. Mandé más de 200 currículums. Ahora trabajo en una tienda de ropa. No me arrepiento de haber estudiado Periodismo, porque me enseñó a pensar, pero siento que el sistema me engañó cuando me dijo que con un título tendría trabajo».

Su historia no es única. En mi archivo tengo cientos de casos similares. Ingenieros que trabajan en ventas, filólogos que hacen atención al cliente, sociólogos que reparten paquetes. No es que sus carreras sean inútiles. Es que el mercado no está preparado para absorber el talento que generamos, y el sistema educativo no se ha adaptado a esa realidad.

“Estudié ADE porque todos me dijeron que tenía salida. Me gradué con un 8.5 de media. Al año siguiente, solo el 30% de mi promoción tenía un trabajo relacionado con la empresa. El resto, como yo, estaba en trabajos precarios o haciendo un máster para no tener que buscar empleo. Si pudiera volver atrás, me haría un buen ciclo de FP y me ahorraría 4 años de teoría que apenas uso.”

— Extracto del Archivo de Trayectorias, entrevista en Madrid, 2025

El estigma de la FP (y por qué es un error)

Por otro lado, he visto a jóvenes con títulos de FP ganar más que sus amigos universitarios y tener una estabilidad que a los otros les falta. Un chico de 24 años, técnico en Mecatrónica, me contó: «Cuando acabé el instituto, mis profesores me dijeron que si iba a FP era porque no daba para más. Eso me dolió. Ahora trabajo en una empresa de automatización, tengo contrato indefinido y gano 1.800 € al mes. Mis compañeros que fueron a la universidad están haciendo prácticas no remuneradas o currando en el Mercadona».

La FP tiene un estigma en España que no existe en países como Alemania o Suiza. Allí, un técnico es tan respetado como un ingeniero, porque se entiende que son perfiles complementarios. Aquí, en cambio, hemos construido una pirámide donde el que sabe más teoría está arriba, aunque no sepa cambiar una bombilla. Y esa pirámide está obsoleta.

Lo que he visto en mi archivo: FP vs Universidad (datos de mis entrevistas)

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    Tasa de empleo al primer año — FP: 65% / Universidad: 45% (según mis entrevistas, no estadísticas oficiales).
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    Satisfacción con la formación — FP: 80% dice que lo aprendido es útil / Universidad: 50% dice que la teoría no la usa.
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    Salario medio a los 5 años — FP: 1.600-2.000 € / Universidad: 1.400-1.800 € (con mucha dispersión).
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    Movilidad geográfica — Universidad: más posibilidad de trabajar fuera / FP: más arraigo local, pero también menos competencia.

Estos datos son cualitativos, de mi archivo personal. Pero coinciden con lo que muchos jóvenes me cuentan en cada entrevista.

Entonces, ¿qué elijo? Las preguntas que deberías hacerte

He llegado a la conclusión de que la elección no es entre «mejor» o «peor». Es entre cómo aprendes y qué quieres hacer. Si te gusta la teoría, la reflexión, la investigación, la universidad es tu sitio. Si te gusta la práctica, la aplicación, ver resultados tangibles, la FP es tu camino. Pero ambas opciones son válidas y respetables.

Las preguntas que he visto que funcionan para decidir:

  1. ¿Cómo aprendes mejor? ¿Leyendo y escuchando, o haciendo y equivocándote?
  2. ¿Qué tipo de trabajo te atrae? ¿Uno de oficina, de análisis, o uno técnico, de taller, de campo?
  3. ¿Puedes permitirte estar 4-6 años sin ingresos? Si no, la FP te da acceso más rápido al mercado laboral.
  4. ¿Te ves haciendo un máster o un doctorado? Si la respuesta es no, quizás la universidad no sea para ti.
  5. ¿Qué salidas tiene tu vocación en tu ciudad? No es lo mismo estudiar Turismo en Madrid que en un pueblo de Zamora.

“El mejor título no es el que te da más prestigio. Es el que te da más paz. Porque trabajarás toda la vida, y si no te gusta lo que haces, ningún título te consolará.”

El futuro es híbrido (y no lo digo yo, lo dicen mis entrevistados)

Una de las tendencias más claras que he visto en mi archivo en los últimos años es la de personas que combinan titulaciones. Un ingeniero técnico (FP) que después hace un grado de ingeniería. Un licenciado en Humanidades que hace un ciclo de programación. El mundo laboral ya no premia a los que tienen una única formación, sino a los que saben aprender constantemente.

Así que, si estás leyendo esto y tienes 18 años, tómate tu tiempo. Habla con profesionales, pregunta en los centros, haz prácticas. Y recuerda: la decisión no es definitiva. Puedes cambiar de rumbo. Puedes equivocarte y rectificar. He visto a personas cambiar de carrera a los 30, a los 40 y a los 50. La formación no es una línea recta, es un mapa que se dibuja al andar. Y en mi archivo, las mejores historias son siempre las de aquellos que se atrevieron a dibujar su propio camino.

— Esteban Luarca Mendizábal, desde el archivo de las decisiones, julio de 2026.