El valor de las humanidades en un mundo que solo mide el dinero
Recuerdo con especial claridad una entrevista que hice en un instituto de Santander. Una chica de 17 años, después de escuchar mi charla, se acercó y me preguntó: «¿Cree que tiene sentido estudiar Filosofía si todo el mundo dice que no voy a encontrar trabajo?». Su pregunta me llegó al alma, porque detrás de ella había meses de escuchar a sus padres, a sus profesores y a los medios decirle que su vocación era un lujo que no podía permitirse. Y sin embargo, ella había leído a María Zambrano y a Simone Weil por su cuenta, y quería entender el mundo, no solo vivir en él.
Esa chica no es una excepción. En mi archivo tengo decenas de historias de personas que han estudiado humanidades y que han construido carreras brillantes. No siempre en el camino esperado, pero siempre con una capacidad de análisis, de comunicación y de pensamiento crítico que los diferencia de los demás. Este post es una defensa de las humanidades, no desde el sentimentalismo, sino desde la evidencia de mis entrevistas.
“Una sociedad que desprecia las humanidades es una sociedad que no sabe preguntarse por qué. Y un profesional que no sabe preguntarse por qué, por mucho que sepa de tecnología, está condenado a repetir lo que otros deciden.”
— Esteban Luarca, en una conferencia sobre educación
El mito de la «inutilidad» (y por qué es falso)
El discurso dominante dice que las humanidades no sirven para nada, que son carreras de «gente con pasta» o de «soñadores». Es un discurso que he escuchado en decenas de entrevistas, y siempre lo he combatido con los mismos argumentos: las humanidades enseñan a pensar, a escribir, a argumentar y a entender contextos. Y esas habilidades, en un mundo saturado de información y de ruido, son más valiosas que nunca.
He entrevistado a un filósofo que trabaja como consultor en una empresa tecnológica. Su trabajo: ayudar a los equipos a formular preguntas éticas sobre el uso de la inteligencia artificial. Me dijo: «Nadie en mi empresa sabe hacer las preguntas que yo hago. Todos saben programar, pero ninguno sabe preguntar si lo que programan es bueno o malo. Ahí entro yo».
Y he entrevistado a una historiadora que trabaja en el departamento de comunicación de una multinacional. Su trabajo: contar historias que conecten con los clientes. Me dijo: «He estudiado cómo se construyen los relatos, cómo se manipulan, cómo se transmiten. Eso es exactamente lo que hago ahora, pero en el ámbito empresarial».
“Estudiar Literatura me enseñó a leer entre líneas. Y eso, en el mundo de la publicidad, es un superpoder. Sé lo que la gente quiere oír y lo que no se atreve a decir. Mis compañeros ingenieros se quedan con los datos. Yo me quedo con el significado. Eso es lo que me da trabajo.”
— Entrevista a una directora creativa, Archivo de Humanidades, 2025
Las habilidades que las humanidades desarrollan (y que el mercado necesita)
En mis entrevistas, he preguntado a empleadores de distintos sectores qué habilidades buscan. La mayoría coincide en que las habilidades técnicas son importantes, pero no suficientes. Buscan personas que sepan comunicar, que tengan visión crítica, que entiendan el contexto y que sepan trabajar con personas. Y esas son, precisamente, las habilidades que desarrollan las humanidades.
Las habilidades humanísticas que más valoran los empleadores (según mi archivo)
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Pensamiento crítico — Saber cuestionar supuestos y no dar por bueno lo que todos dicen. -
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Comunicación avanzada — Escribir y hablar con claridad, persuasión y precisión. -
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Contexto histórico — Entender que los problemas actuales tienen raíces profundas y no son nuevos. -
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Empatía y comprensión humana — Saber lo que motiva a las personas, lo que temen y lo que desean. -
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Adaptabilidad intelectual — Haber leído a autores de todas las épocas te prepara para cualquier cambio.
Humanidades y tecnología: el matrimonio del futuro
Una de las conclusiones más claras de mi archivo es que el futuro no es STEM frente a Humanidades, es STEM con Humanidades. Los problemas más complejos del siglo XXI (inteligencia artificial, cambio climático, desigualdad) no se pueden resolver solo con tecnología. Necesitan de personas que entiendan la ética, la historia y la condición humana.
He entrevistado a jóvenes que combinan una carrera de Humanidades con un máster en Data Science. Son perfiles híbridos que las empresas están empezando a buscar desesperadamente. Entienden los datos, pero también entienden a las personas. Y esa combinación es la más difícil de automatizar.
“La máquina puede calcular, pero no puede preguntarse por qué. Y en un mundo de máquinas, el que sabe preguntar es el que manda.”
Una defensa de la curiosidad
Este post va por esa chica de Santander que quería estudiar Filosofía. Va por todos los jóvenes que escuchan que su vocación es un lujo. Porque la cultura no es un lujo, es lo que nos hace humanos. Y una sociedad que no valora a sus filósofos, a sus historiadores, a sus poetas, es una sociedad que ha perdido el norte.
He visto a personas con carreras humanísticas triunfar en política, en comunicación, en educación, en empresas tecnológicas, en el tercer sector. No todos son millonarios, pero la mayoría son personas que viven con propósito y que aportan algo único al mundo. Y si eso no es valioso, que alguien me explique qué lo es.
Así que, si te gusta la Filosofía, la Historia, la Literatura o el Arte, no dejes que nadie te convenza de que es una pérdida de tiempo. Aprende bien, especialízate, combínalo con otras habilidades, y verás que hay sitio para ti. El mundo necesita más personas que sepan preguntar, no solo que sepan responder.
— Esteban Luarca Mendizábal, desde el archivo de las preguntas, julio de 2026.
