El amor no es para siempre: es para mientras aguantes
«El amor no es para siempre. Es para mientras aguantes. Y tú ya estás aguantando demasiado.»
— Marta la Mala
El amor no es para siempre: es para mientras aguantes
Mi primer marido me dijo que me amaría hasta que la muerte nos separara. Y cumplió. Se murió a los tres años de casados, una tarde de martes, mientras yo freía huevos en la cocina. Llegó del trabajo, se sentó en el sofá, cerró los ojos y se fue. Así, sin más. Sin avisar. Sin despedirse. Y yo, que había creído en sus palabras, me quedé viuda con veintitantos años y una hija pequeña.
¿Que si lo lloré? Sí. Lloré como una condenada. Pero también aprendí algo: el amor no es eterno, es un contrato de duración indefinida que cualquiera puede romper cuando le dé la gana. En su caso, la muerte lo rompió. En otros casos, es la vida. O el cansancio. O la rutina. O simplemente el aburrimiento.
El segundo marido fue otro cuento. Ese no se murió. Se fue con una más joven y me dejó con el restaurante y las deudas. Yo tenía cuarenta y pico, la espalda hecha polvo y una hija adolescente que no me miraba a los ojos. Y cuando él se fue, no lloré. No pude. Me quedé en la cocina con una botella de mezcal, mirando la puerta que se había cerrado, y pensé: «Pues ya está. Otra vez».
Y entonces entendí lo que mi abuela siempre me decía: «Marta, el amor no es para siempre. Es para mientras aguantes». Y ella lo decía sin rencor, sin amargura, como quien dice que el sol calienta y la lluvia moja. Era una verdad tan simple que a mí me costó años entenderla.
«La gente se queda en relaciones de mierda porque les da miedo estar sola. Y yo les digo: la soledad no es el enemigo. El enemigo es estar mal acompañado.»
Y tú, que estás leyendo esto, seguro que te estás quedando donde no deberías. Porque te da miedo el qué dirán. Porque tienes hijos y piensas que es mejor que crezcan con dos padres aunque se odien. Porque llevas diez años juntos y no sabes hacer otra cosa. Porque piensas que ya es tarde para empezar de nuevo. Porque te han dicho que el amor es sacrificio y tú te lo has creído.
Déjame decirte una cosa, y espero que te entre en la cabeza: el tiempo invertido no es una razón para seguir invirtiendo. Eso es la falacia del costo hundido. Y en cristiano: «ya que he puesto tanto, pues sigo, aunque me vaya mal». Y eso es una estupidez. Una estupidez de cuidado.
Yo he visto a mujeres aguantar a maridos que las insultaban, que las engañaban, que las trataban como si fueran muebles. Y se quedaban. Por miedo. Por costumbre. Porque no sabían estar solas. Y luego, cuando el marido se iba o se moría, se daban cuenta de que habían perdido treinta años de vida con alguien que nunca las quiso.
No te digo que te vayas ahora mismo. La vida es complicada y hay facturas que pagar. Pero empieza a planear tu salida. Busca un trabajo. Ahorra. Habla con alguien de confianza. Ve al psicólogo si hace falta. Pero no te quedes donde no te quieren. No malgastes tu vida con alguien que no te merece.
Yo he enterrado a dos maridos y el tercero salió corriendo. Y aquí estoy, con mis 63 años, mi perro y mi mezcal, más tranquila que nunca. No tengo a nadie que me espere en casa, pero tampoco tengo a nadie que me haga infeliz. Y eso, para mí, es una victoria.
El amor no es para siempre. Pero la paz, cuando la encuentras, sí. Y la paz no se encuentra en otra persona. Se encuentra en ti. Y en saber que estás mejor sola que mal acompañada.
Señales de que deberías irte (y no lo estás haciendo):
- Te despiertas con el nudo en el estómago cuando piensas en él o ella.
- Pides permiso para todo, como si fueras un niño pequeño.
- Te han dicho que eres «demasiado» o «muy poco» al menos tres veces esta semana.
- Sientes que caminas sobre huevos para no enfadarle.
- Te acuerdas de cuando empezasteis y piensas: «¿qué pasó?».
- Has dejado de hacer cosas que te gustan porque él o ella no las aprueba.
- Tienes más intimidad con tu teléfono que con tu pareja.
Si has marcado más de dos, estás en una relación de mierda. Si has marcado más de cuatro, estás en una relación que te va a destruir. Y si has marcado todas, no sé qué haces leyendo esto: deberías estar haciendo la maleta.
Y si te duele lo que te digo, bien. Eso significa que hay algo en ti que sabe que es verdad. Y ese algo, aunque esté callado, tiene razón.
«El amor no se acaba. Lo que se acaba es la paciencia. Y la mía se acabó hace tiempo.»
No necesitas un amor eterno. Necesitas a alguien que te quiera mientras dura. Y que cuando se acabe, te sepas ir. Eso es todo. Eso es lo que he aprendido después de tres maridos y una vida entera de intentarlo.
Si te ha dolido, es que es verdad. Y si es verdad, compártelo. O no. Pero al menos, piensa.
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