BeautyCuidado facialMaquillajeProductos

La piel es un lienzo y el maquillaje, el susurro que eliges contarle al mundo

Por Alba

Mi madre no se maquillaba. Decía que la belleza era mentira. Que las mujeres que se pintaban los labios perdían algo que no podían recuperar. Yo la miraba desde la puerta del baño, mientras ella se secaba la cara con una toalla áspera y salía al mundo sin más armadura que su voz.

Durante años, creí que tenía razón.

Hasta que un día, con diecisiete años, una amiga me prestó un lápiz de ojos color miel. Me lo puse temblando, como quien comete un pecado. Y cuando me miré al espejo, no vi a una impostora. Vi a alguien que se estaba contando una historia. Y esa historia era bonita.

«El maquillaje no es mentira. Es el idioma que eliges para decir quién eres cuando las palabras no alcanzan.»

La base: no es una máscara, es un acto de fe

La base de maquillaje, para muchas, es el momento más temido. «¿Se notará?», «¿pareceré otra persona?». Pero yo aprendí que la base no es para tapar. Es para unificar. Para que el lienzo esté limpio antes de empezar a pintar. Como quien prepara una hoja en blanco antes de escribir un poema.

No necesito cubrir mis pecas. No necesito borrar la sombra de las noches sin dormir. Necesito que mi piel se sienta acompañada. Y una buena base, bien elegida, bien difuminada con los dedos (siempre con los dedos, que la piel entiende mejor el tacto que las esponjas), es eso: una caricia que prepara el camino.

El color que elige tu alma

Luego vienen los colores. Y aquí, querida mía, es donde el maquillaje se vuelve magia.

  • La sombra de ojos no es para que te miren. Es para que tú mires al mundo con otros ojos. Un dorado te hace más valiente. Un malva te vuelve soñadora. Un gris humo te da ese aire de misterio que llevas dentro y no siempre te atreves a mostrar.
  • El colorete es la risa que no has soltado todavía. Donde lo pones, pones vida. Donde difuminas, difuminas la seriedad. No es casualidad que la palabra «colorete» suene a fiesta de niños.
  • Los labios, oh, los labios. El rojo es un grito. El rosa es un secreto. El nude es la verdad desnuda. Y el gloss —ese que parece que refleja la luz de un cielo de verano— es la promesa de que aún hay dulzura en este mundo.
🎨 LO QUE ALBA DESCUBRIÓ PINTÁNDOSE:

El maquillaje no es para gustar a los demás. Es para reconocerse a uno mismo. Cuando te pintas, te estás diciendo: «estoy aquí, estoy presente, quiero verme». Y eso, aunque parezca superficial, es un acto de valentía.

El error que casi todas cometemos (y cómo dejarlo atrás)

Pensar que el maquillaje es para «arreglar» lo que está mal.

La nariz que no nos gusta. La frente que creemos demasiado grande. La mandíbula que no encaja en el canon. El maquillaje no arregla nada. El maquillaje celebra. Celebra que tienes párpados para pintar. Que tienes pómulos para iluminar. Que tienes labios para elegir si hoy quieres ser rojo o quieres ser nada.

Cuando entendí eso, todo cambió. Dejé de maquillarme para «estar guapa». Empecé a maquillarme para estar presente. Para decirme a mí misma, cada mañana: «hoy voy a enfrentar el mundo, y voy a hacerlo con los colores que yo elija».

Mis tesoros de maquillaje (los que nunca fallan)

No necesito una colección infinita. Necesito unos pocos, bien elegidos, que me hagan sentir dueña de mi mirada.

  • Un iluminador que parezca luz de luna filtrada por las hojas.
  • Un lápiz de cejas que no dibuje, sino que recuerde a mis cejas cómo deben mirar al mundo.
  • Una paleta de sombras que tenga el color del atardecer en la ciudad.
  • Un labial que no se borre con el primer beso (que tampoco pasa nada si se borra, pero que dure lo justo para sentirme poderosa).
  • Un pincel suave, de esos que parecen plumas, para difuminar y no juzgar.

He encontrado algunos de estos tesoros en lugares que no imaginaba. Porque la belleza no entiende de marcas, entiende de cómo te hace sentir.

El último paso: mirarte y sonreír

Antes de salir de casa, cuando has terminado de pintarte, hay un gesto que no debes saltarte. Mírate. Y sonríe.

No por cómo has quedado. Sonríe porque te has tomado un tiempo para ti. Porque has convertido un acto cotidiano en un ritual. Porque cada trazo de color es un recordatorio de que tú decides quién quieres ser hoy.

El maquillaje se borra al final del día. Pero la sensación de haberte mirado con cariño, esa, se queda para siempre.


📌 Si esto te hizo pensar en el maquillaje de otra manera, compártelo. No con quien te dice «te has maquillado mucho». Compártelo con quien entiende que el maquillaje, a veces, es la única poesía que escribimos al empezar el día.

Alba Adey Montenegro

Soy Alba Adey Montenegro, aunque a veces escribo bajo el nombre de Alba Romansy. Soy maestra de profesión y escritora por vocación. Formada en Máster en Escritura Creativa y Magisterio. Me gustan las historias que hablan de amor, de elecciones difíciles, de magia, de pérdidas y de todo aquello que nos cambia por dentro. Escribo romance, fantasía romántica y literatura para jóvenes adultos porque sigo creyendo que los libros son un lugar al que regresar cuando buscamos emoción, aventura o una forma distinta de mirar el mundo. Entre páginas, personajes y cuadernos llenos de notas, continúo persiguiendo historias y, de paso, mis sueños.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *