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La historia de Javier, el ejecutivo que estudiaba manipulación en su tiempo libre.

Técnicas de manipulación en el trabajo.

📁 EXPEDIENTE 13-20

El maquiavélico

La historia de Javier, el ejecutivo que estudiaba manipulación en su tiempo libre (y cómo sus víctimas le pararon los pies). Madrid, 2019-2024.

Por Esteban Luraca Mendizábal | 8 de junio de 2026

⚠️ Este expediente está basado en el testimonio real de tres exempleados de una consultora madrileña. Los nombres han sido cambiados. Las técnicas de manipulación son reales. El miedo, también.

Lo llamaban «Javi». Para sus superiores, era un trabajador eficaz. Para sus subordinados, un verdugo de salón. Llevaba traje azul marino, corbata de rayas finas y una sonrisa que no llegaba a los ojos. En las reuniones de equipo, repartía halagos y reproches con la precisión de un cirujano. Nadie podía probar nada. Pero todos lo sufrían.

Javier era jefe de proyecto en una consultora tecnológica del norte de Madrid. Llevaba allí ocho años. Había ascendido rápido. Demasiado rápido. Algo que no cuadraba con su currículum mediocre, pero nadie se atrevía a preguntar cómo. Hasta que tres de sus víctimas decidieron comparar notas.

«Al principio pensé que era mi culpa. Que era yo el que no rendía lo suficiente. Que era yo el que no entendía el humor de Javi. Hasta que hablé con otros compañeros y descubrí que el patrón se repetía.»

💬 Testimonio de «Marta», 34 años, exanalista:

«Entré en la consultora con mucha ilusión. Era mi primer trabajo después del máster. Javi me asignó un proyecto. Al principio fue encantador: me explicaba todo, me decía que tenía talento, que veía futuro en mí. Me sentía especial. A los dos meses, empezó a desmontarme. Llegaba tarde a las reuniones conmigo. No contestaba mis correos. Cuando le pedía feedback, me decía que no estaba preparada, que tenía que esforzarme más. No sabía qué más hacer. Empecé a trabajar doce horas al día. Mi salud se resintió. Un día, una compañera me dijo: ‘Oye, ¿a ti también te hace esto?’. Lo perdí todo. No el trabajo. La salud.»

💬 Testimonio de «Carlos», 41 años, exsenior:

«A mí me trataba bien. Demasiado bien. Me ponía por las nubes delante de los demás. ‘Carlos es el único que entiende el proyecto’, decía. Y claro, el resto me miraba mal. Me convertí en su perro de presa sin darme cuenta. Cuando empecé a cuestionarle, cambió. Dejó de hablarme. Me apartó de las decisiones importantes. Me relegó a tareas administrativas. Intenté hablar con recursos humanos, pero Javi se adelantó. Dijo que yo tenía problemas de rendimiento, que estaba desmotivado. Me despidieron a los seis meses.»

Javier había perfeccionado un sistema. No era improvisación. Era estrategia. Los compañeros que lo investigaron a fondo descubrieron que tenía una biblioteca de psicología oscura en su casa. Libros sobre manipulación, persuasión coercitiva, maquiavelismo. No los leía por curiosidad. Los aplicaba.

«Descubrimos que Javi llevaba años aplicando las técnicas de ‘Las 48 leyes del poder’ en su día a día. Las estudiaba como si fueran manuales de gestión de equipos. Solo que él las usaba para destruir, no para construir.»

Las técnicas que Javier usaba no eran nuevas, pero él las ejecutaba con una frialdad pasmosa. Estas son algunas de ellas:

  • Love bombing al llegar: A los nuevos los inundaba de halagos y atención. Les hacía sentir especiales. Los aislaba del resto.
  • Desestabilización sutil: Cuando ya tenía su confianza, empezaba a retirar el cariño. Llegaba tarde. No contestaba. Los dejaba en ascuas.
  • Comparación constante: «Mira cómo trabaja tu compañero. Él sí que tiene hambre».
  • Triangulación: Enfrentaba a unos empleados con otros para que no se aliaran.
  • Gaslighting: Cuando le señalaban un error, lo negaba. O peor: decía que ellos lo habían entendido mal.

💬 Testimonio de «Laura», 29 años, exbecaria:

«A mí me hizo creer que estaba loca. Literalmente. Un día me llamó a su despacho y me dijo que había recibido quejas de que yo era conflictiva. Me preguntó si estaba tomando algo para la ansiedad. No había quejas. Me las había inventado él. Cuando quise denunciarlo a recursos humanos, me dijeron que no había pruebas. Él ya se había encargado de dejar un rastro falso. Yo era la conflictiva. Yo era la loca.»

La caída de Javier no fue por una gran denuncia. Fue por un detalle pequeño. Un correo mal redactado. En un momento de arrogancia, envió un mensaje a un compañero comparándolo con otro, con un tono que delataba el patrón. El compañero lo reenvió. Alguien lo reenvió a alguien. En una semana, una docena de empleados estaban compartiendo experiencias parecidas.

Redes Humanas abrió una investigación interna. Hablaron con decenas de personas. La mayoría tenían miedo. Algunos hablaron. Descubrieron que Javier había destruido la carrera de al menos siete personas en los últimos cinco años. Dimisiones forzadas. Bajas médicas por depresión. Una persona, incluso, había intentado quitarse la vida.

«No le despidieron. Le ofrecieron un acuerdo: irse voluntariamente a cambio de no denunciarle. Aceptó. Al mes, ya estaba trabajando en otra consultora. No sabemos si sigue aplicando las mismas técnicas. Pero sabemos que ahora, al menos, sus víctimas ya no están solas.»

Javier se fue con una carta de recomendación. La empresa no quería escándalos. Las víctimas se quedaron con el trauma, con las secuelas, con la sensación de que la justicia no llega cuando más la necesitas.

Hoy, tres de ellas han creado un grupo de apoyo para víctimas de acoso laboral. Se reúnen una vez al mes. Se escuchan. Se creen. Entre ellas se dicen lo que nadie les dijo cuando sufrían: «No es tu culpa. No estás loco. El problema es él».

«Lo que aprendí de esta experiencia es que el manipulador no cambia. No porque no quiera. Porque no puede. Su estructura de personalidad está construida sobre el control. La única manera de pararle es que sus víctimas hablen. Y que alguien las escuche.»

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✍️ Esteban Luraca Mendizábal es periodista de investigación. Este expediente es el vigésimo de una serie sobre psicología oscura y abuso de poder.
«No trato de convencer. Solo de contar lo que vi, lo que me contaron, lo que aún no tiene explicación.»

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