La carta que nunca te envié, Javier
Te escribo esta carta que nunca te enviaré, Javier. No para que me perdones. Para enterrar a la niña que mataste y que nunca supo que merecía algo mejor.
Recuerdo el piso vacío. Recuerdo el olor a humedad. Recuerdo la cama, las sábanas sucias, el ruido de la calle que no llegaba hasta nosotros. Recuerdo cómo te vestías y te ibas sin mirarme atrás. Como si yo no existiera. Como si lo que acabábamos de hacer no significara nada.
Y recuerdo, sobre todo, recuerdo lo que me dijiste aquella última tarde: «No estudiarás nada en la vida». Lo dijiste con la misma seguridad con la que te ponías la camiseta. Sin saber que esa frase, esa frase que pretendía destruirme, era la que mas te definía.
☾ EL PISO VACÍO
El piso vacío era nuestro secreto. Un espacio sin testigos, sin juicios, sin recuerdos. Pero para ti, era solo un lugar donde podíamos tenernos sin que nadie lo supiera. Para mí, era el único lugar donde existía. Donde era alguien.
Era demasiado joven. Demasiado ingenua. Demasiado necesitada de afecto como para entender que lo que me ofrecías no era amor. Era otra cosa. Era una migaja. Un gesto vacío que yo, en mi desesperación, convertí en un banquete.
Tú lo sabías. Lo sabías porque eras mayor que yo. Lo sabías porque habías aprendido a leer a las personas como quien lee un libro. Y yo, para ti, era un libro abierto. Un libro que podías usar y tirar cuando ya no te servía. Y yo me dejé. Me dejé porque no sabía que merecía algo más. Me dejé porque mi casa, mi familia, mi vida, me habían enseñado que el amor era algo que se mendiga. Que se suplica. Que se compra.
El amor no se mendiga. No se suplica. No se compra. El amor se construye. Y yo, sin saberlo, estaba construyendo un castillo de arena en la orilla de un mar que nunca iba a detenerse.
Nunca me dijiste «te quiero». Ni una sola vez. Y yo, tonta de mí, creía que era porque eras tímido. Porque no sabías expresar lo que sentías. Porque el amor, el amor de verdad, no necesitaba palabras. Pero no era eso. No era que no supieras decirlo. Era que no lo sentías.
Para ti, yo era un objeto. Un objeto que usabas cuando te apetecía y que tirabas cuando ya no te servía. Y yo, en mi ceguera, en mi necesidad de ser querida, aceptaba ese papel. Aceptaba ser invisible. Aceptaba ser desechable.
✦ EL DESPRECIO
«No estudiarás nada en la vida». Esa fue tu despedida. Esa fue la última palabra que me dijiste antes de desaparecer. Y yo, en aquel momento, me lo creí. Me lo creí porque no tenía motivos para no creérmelo. Porque mi vida, hasta entonces, solo me había enseñado a perder.
Crecí, y me fui. Me fui de aquel barrio, de aquella casa, de aquella vida. Me fui a estudiar, a trabajar, a construir. Me fui a ser alguien. Y mientras me iba, mientras dejaba atrás todo lo que me había hecho daño, llevaba tu esencia conmigo. Como un tatuaje. Como una cicatriz. Como un recordatorio de aquella niña que no debía volver a existir.
El cuerpo no miente. La mente se equivoca, se engaña, se inventa excusas. Pero el cuerpo… el cuerpo siempre sabe. Y el mío aprendió a odiar el contacto. Cualquier contacto. Una mano amiga, un abrazo de consuelo, un saludo con un beso en la mejilla… mi piel se crispaba, se retorcía, se negaba. Como si mi cuerpo hubiera grabado a fuego una sola lección: el tacto traiciona. El tacto es desprecio. Y aunque tardé años en entenderlo, al fin lo hice: no era que no quisiera amar. Era que mi cuerpo, sabio, había decidido que era más seguro no sentir nada.
Y ese rechazo al contacto, esa repulsión a ser tocada, me condenó a la soledad más absoluta. Me negué el amor que tanto anhelaba. Y yo, para sobrevivir, dejé de buscarlo. Dejé de desearlo. Dejé de creer en él.
☾ EL REENCUENTRO
—¿Cómo estás? —me preguntaste. Como si no hubieras sido tú quien dijo, con esa indiferencia que solo tienen los que se creen superiores, que esa chica acabaría mal. Que no llegaría a nadaEsa chica. No yo. No la persona que habías tocado, usado, desechado. Esa chica. Y yo, Cristina, que he llegado a todo, no supe qué responderte. Porque no había respuesta para alguien como tú.
Me contaste tu vida. Tu título. Tu logro. Tu discurso. Tus causas nobles. Me contaste todo lo que habías hecho para parecer un buen hombre. Y mientras lo hacías, mientras tu voz sonaba segura y convincente, yo recordaba el piso vacío. Recordaba la sensación de ser tan inconveniente. Recordaba cómo te vestías y te ibas sin mirarme.
Y entonces, me preguntaste si tenía una relación abierta. Y en ese momento, en ese instante en que tus palabras confirmaron lo que ya sabía, entendí que no habías cambiado. Que seguías siendo el mismo hombrecillo mediocre. Que tu discurso era solo una máscara. Que tu voluntariado era solo una coartada. Que tu título no te había enseñado a mirarte a ti mismo.
Y ahora, mientras escribo esta carta que nunca te enviaré, entiendo que no necesito tu reconocimiento. No necesito que me mires y me digas que te equivocaste al juzgarme. Porque el perdón, el verdadero perdón, no viene de fuera. Viene de dentro. Viene de aceptar que no fui yo la que falló. Falló la niña que mataste tú.
✦ LA MUERTE DE LA NIÑA ✦
Esta carta es para enterrar, tantos años después, a la niña que mataste. La que esperó. La que mendigó. La que creyó que en el amor y falló.
Esa niña murió, Javier. Y yo, Cristina, he sobrevivido para enterrarla.
Y mientras la entierro, mientras digo adiós a la niña que nunca entendió quién eras, entiendo que tú, con ella muerta, no eres nada.
Sin esa niña, sin la que creyó, sin la que necesitó y falló, solo eres el imbécil de tu propia historia. Un fantoche de paja vacío, con un título y una máscara.
YYo, soy Eva, estoy escribiendo esta historia dando voz a Cristina. Porque la niña que mataste ya no está, no tiene voz, nunca la tuvo. Está, en su lugar, la mujer que sobrevivió, y no la reconocerías, está más viva que nunca.
☾ DEDICATORIA
Para todos los impecables de salón.
Para los que se creen superiores porque tienen un título
y no porque tengan alma.
Para los que usan causas nobles para esconder su vacío.
Para los que hablan de feminismo mientras cosifican.
Para los que diagnostican el trauma ajeno
y no se atreven a mirar el suyo propio.
Para los Javieres de este mundo.
Y para todos los imbéciles de su propia historia.
Que sepan que, aunque nos usen,
aunque nos borren,
aunque nos condenen al fracaso,
nosotras sobrevivimos.
Y ellos, con su título y su máscara,
solo son hombres mediocres
que nunca estarán a la altura.
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Si alguna vez has necesitado enterrar a la persona que fuiste para sobrevivir, esto es para ti.
La niña que mataron ya no está. Pero la mujer que sobrevivió, está más viva que nunca.
📖 Eva Álvarez · 13nix
⏱️ Lectura: 10 min
#CartaDeAmor #Liberación #Supervivencia #AltoVoltaje
