Relación abierta: lo que pasó cuando lo intentamos (y no somos expertos)
Por Eva Álvarez
Cuando mi pareja y yo decidimos abrir la relación, no teníamos ni idea de lo que estábamos haciendo. Habíamos leído algún artículo, habíamos visto alguna serie, habíamos hablado con amigos que lo habían intentado. Pero la teoría y la práctica son dos cosas muy diferentes.
Llevábamos cinco años juntos. Nos queríamos, nos deseábamos, pero la rutina se había instalado. El sexo era bueno, pero predecible. La vida era cómoda, pero plana. Y un día, en una conversación sincera, los dos admitimos que sentíamos curiosidad. Curiosidad por otras personas, por otras experiencias, por saber si el amor podía ser más grande de lo que habíamos imaginado.
Así que decidimos intentarlo. Sin manual, sin experto, sin terapeuta. Con la mejor intención y la peor preparación.
Y esto es lo que pasó.
💬 Testimonio de David (33 años, Buenos Aires):
«Mi pareja y yo abrimos la relación porque pensamos que nos haría más fuertes. Fue el mayor error de nuestra relación. No porque el concepto sea malo, sino porque no estábamos preparados. No habíamos hablado de los límites, de los celos, de lo que haríamos si uno de los dos se enamoraba de otra persona. Y cuando pasó, todo se vino abajo.«
La decisión: ¿por qué abrir la relación?
Hay muchas razones para abrir una relación. Algunas personas lo hacen por curiosidad sexual. Otras porque quieren explorar su identidad. Otras porque sienten que el amor no tiene por qué ser exclusivo. Y otras, como nosotros, porque la rutina se había vuelto demasiado pesada.
En retrospectiva, esa no era la mejor razón. Abrir una relación para escapar de la rutina es como cambiar de coche para no tener que arreglar el que tienes. Puede funcionar a corto plazo, pero los problemas subyacentes siguen ahí.
Pero en ese momento, nos pareció una buena idea. Pensamos que éramos lo suficientemente maduros para manejar los celos, la inseguridad y la logística. Pensamos que nuestro amor era lo bastante fuerte para soportar que otros entraran y salieran de nuestras vidas. Estábamos equivocados.
Los acuerdos que hicimos (y los que no hicimos)
Antes de abrir la relación, establecimos algunas reglas. Reglas que, en papel, parecían razonables:
- Nadie en nuestro círculo de amigos.
- Nadie en nuestra cama.
- Siempre con preservativo.
- Contarnos todo.
Suena bien, ¿verdad? El problema es que las reglas no cubren las emociones. No cubren lo que sientes cuando ves a tu pareja prepararse para una cita. No cubren la inseguridad que surge cuando sabes que está con otra persona. No cubren el miedo a que el otro se enamore.
Y no cubren, sobre todo, lo que pasa cuando las reglas se rompen.
Los celos: el elefante en la habitación
Todo el mundo habla de los celos en las relaciones abiertas. Pero nadie te dice lo que se siente. No te dicen que los celos pueden ser físicos. Que puedes sentir un nudo en el estómago, un sudor frío, un dolor en el pecho. Que puedes tener pesadillas. Que puedes no poder dormir porque tu mente no para de imaginar lo que está haciendo tu pareja.
Yo soy una persona celosa. Lo sabía antes de abrir la relación. Pero pensé que podría controlarlo. Pensé que, si confiaba en mi pareja, los celos desaparecerían. No fue así.
Los celos no desaparecen porque confíes. Los celos son una emoción compleja que mezcla miedo, inseguridad y necesidad de control. Y abrir la relación los multiplica por diez.
📌 LO QUE APRENDÍ SOBRE LOS CELOS:
- Los celos no son un fallo moral. Son una emoción, como la tristeza o la alegría.
- No desaparecen porque quieras. Hay que trabajarlos, gestionarlos, entenderlos.
- No son un signo de que no quieras a tu pareja. Son un signo de que tienes miedo.
- Hablar de ellos ayuda. Ocultarlos los hace más grandes.
El momento en que todo se rompió
El momento en que nuestra relación abierta se rompió no fue una gran explosión. Fue un pequeño quiebre, una grieta que se fue haciendo más grande hasta que ya no se pudo reparar.
Mi pareja conoció a alguien. Alguien con quien conectó de una manera que yo no podía darle. Y yo lo vi. Lo vi en su mirada, en la forma en que hablaba de ella, en el brillo de sus ojos cuando mencionaba su nombre. Y supe que ya no era solo sexo.
Cuando se lo pregunté, me dijo que no sabía. Que quizá había sentimientos. Que no quería hacer daño. Que no sabía qué hacer.
Y entonces, todo lo que habíamos construido se tambaleó. No porque hubiera una tercera persona, sino porque nuestra comunicación había fallado. Porque no habíamos hablado de lo que pasaríamos si uno de los dos se enamoraba. Porque habíamos asumido que no pasaría. Y pasó.
Lo que aprendimos (demasiado tarde)
Después de que nuestra relación terminara, aprendí algunas cosas. Cosas que, si las hubiera sabido antes, quizá habrían cambiado el resultado.
1. Abrir una relación no arregla los problemas de la relación. Si la relación tiene problemas, abrirla solo los amplifica. Los problemas no desaparecen, se multiplican.
2. La comunicación no es opcional. No basta con establecer reglas al principio. Hay que hablar constantemente. Hay que revisar los acuerdos. Hay que estar dispuesto a cambiar de opinión.
3. Los celos no son un fracaso. Son una señal de que algo necesita ser atendido. Ignorarlos no los hace desaparecer.
4. El amor no es un recurso limitado. Amar a alguien más no significa que quieras menos a tu pareja. Pero eso no significa que sea fácil.
5. No todo el mundo está hecho para las relaciones abiertas. Y no pasa nada. La monogamia no es inferior. La no monogamia no es superior. Son formas diferentes de vivir el amor.
Ahora, tres años después
Tres años después de aquella relación abierta que terminó mal, he vuelto a la monogamia. No porque crea que es la única forma de amar, sino porque es la que funciona para mí.
No me arrepiento de haberlo intentado. Aprendí mucho sobre mí misma, sobre mis miedos, sobre mis inseguridades. Aprendí que los celos no son un defecto y que el amor no tiene por qué ser posesivo para ser real.
Pero también aprendí que no todo el mundo está preparado para abrir una relación. Y que no pasa nada. Que el amor puede ser profundo, intenso y duradero sin necesidad de ser abierto.
Si estás pensando en abrir tu relación, mi consejo es: no lo hagas a la ligera. Habla, lee, consulta a un profesional. Y sobre todo, asegúrate de que lo hacéis por las razones correctas. No para escapar de algo, sino para construir algo nuevo.
📌 Si esta entrada te ha hecho reflexionar sobre tu relación, compártela. Con quien está considerando abrir su relación y necesita perspectivas reales. Con quien ya lo ha intentado y necesita sentirse comprendido. Con quien cree que el amor solo tiene una forma.
🔗 Si quieres seguir explorando el tema de las relaciones, te recomendamos leer Relaciones tóxicas: cuando el amor se convierte en adicción y El mapa del duelo: cómo sobrevivir a una ruptura.

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