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La víctima perfecta no existe

Por: Esteban Luraca | Tiempo de lectura: 7 minutos

La conocí en un bar de Madrid. Se llamaba Clara. 34 años. Llevaba dos años separada. Me pidió un cigarro. Le di uno. Me contó su historia en menos de diez minutos: su ex la engañó, la vació económicamente y se quedó con el perro. No el piso. El piso era de ella.

—Soy la víctima perfecta —dijo, con media sonrisa—. Hasta el perro me quitó.

No respondí. Ella siguió hablando. El mismo relato que había contado cien veces. Las mismas frases. Las mismas pausas para que yo asintiera con indignación.

Cuando terminó, encendí otro cigarro y le pregunté:

—¿Y tú qué hiciste para estar ahí?

El silencio se alargó. Clara me miró como si le hubiera escupido en la cara. Luego, bajó la mirada. Se quedó en silencio. Pagó su copa y se fue sin despedirse.

No la volví a ver. Pero no he dejado de pensar en su historia. Y en la mía. Y en la de todos los que se aferran al papel de víctima como si fuera un salvavidas.


🪞 El espejo que no queremos mirar

Llevamos años repitiendo un mantra: «No es culpa de la víctima». Y es cierto. El que pega, el que manipula, el que engaña es responsable de sus actos. Pero hay una segunda capa, más incómoda, que nadie quiere tocar: ¿por qué nos quedamos? ¿por qué volvemos? ¿por qué repetimos el patrón con otra persona que se parece tanto a la anterior?

La psicología oscura no viene a consolarte. Viene a preguntarte lo que nadie se atreve: ¿qué ganas siendo la víctima?

  • El relato victimista da identidad. Sabes quién eres: la que sufrió, la que aguantó, la que perdonó.
  • Da comunidad. Tus amigas te consuelan, te apoyan, te confirman que no tuviste la culpa.
  • Da poder (paradójicamente). Porque mientras seas la víctima, el otro es el monstruo. Y tú, la que puede señalar.

El problema es que ese papel, si se perpetúa, te congela. Te impide crecer. Te impide mirar tu parte de responsabilidad. Y mientras no la mires, seguirás atrayendo al mismo tipo de persona. O seguirás siendo la misma persona que necesita ser salvada.


🔍 La autopsia de una relación tóxica

Pongamos un ejemplo. Llamémosla Ana. Ana estuvo 5 años con un hombre que la controlaba. Le revisaba el móvil, le decía qué ropa ponerse, se enfadaba si llegaba tarde del trabajo. Ana se fue. Lo dejó. Pero al año siguiente, empezó una relación con otro hombre. También controlador. También celoso. También manipulador.

—No entiendo por qué me pasa siempre lo mismo —me dijo en una entrevista—. Soy un imán para los tóxicos.

Le pregunté: «¿Qué te enseñaron tus padres sobre el amor?». Se quedó callada. Su madre se había callado durante años los malos tratos de su padre. Ana aprendió que el amor duele. Que el amor es aguantar. Que el amor es demostrar que eres fuerte resistiendo.

Ana no buscaba tóxicos. Buscaba lo que conocía. Lo que le resultaba familiar. Lo que, en el fondo, le parecía normal.

La víctima perfecta no existe. Pero existe la persona que no se pregunta por qué eligió ese infierno en lugar de otro.


🌑 La pregunta incómoda

No se trata de culpar a la víctima. Se trata de darle el poder que no sabe que tiene. El poder de decidir no volver a entrar en la misma jaula. El poder de callarse y escuchar el silencio. El poder de mirarse al espejo y preguntarse, sin miedo:

«¿Qué parte de mi vida me ha enseñado que esto es lo que merezco?»

No es una pregunta fácil. No es una pregunta bonita. Pero es la única que puede romper el ciclo.

Mientras no te la hagas, serás la víctima. No de él. De ti misma.


🕯️ Salir del papel

Dejar de ser víctima no significa justificar al verdugo. Significa recuperar el protagonismo de tu propia historia. Significa aceptar que, sí, te hicieron daño. Y que, sí, tú también tuviste una parte. No en el daño. En quedarte.

Esa aceptación duele más que el engaño. Porque reconocer que pudiste haberte ido antes, que pudiste haber dicho no, que pudiste haber pedido ayuda… Duele. Mucho. Pero es la única forma de que no vuelva a ocurrir.

La víctima perfecta no existe. Solo existe la persona que decide, un día, no volver a serlo.


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Nota: Esteban Luraca es periodista, no psicólogo. Este artículo es una reflexión basada en observación y experiencia. No sustituye la terapia profesional. Pero a veces, una pregunta a tiempo puede cambiarlo todo.

Esteban Luarca Mendizabal

Esteban Luarca Mendizábal es periodista, cronista y coleccionista de historias. Durante treinta años ha recorrido España y Latinoamérica recopilando más de diez mil testimonios, leyendas y crónicas. Su obsesión: rescatar del olvido lo que merece ser recordado. Autor de Entrevistas Paranormales entre otras obras destacables. En 13Nix, escribe sobre lo que ha vivido.

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