La cultura del dinero: lo que he visto en miles de entrevistas sobre ahorro y gasto. Carrera
Llevo décadas preguntando a la gente por su relación con el dinero. No por curiosidad mórbida, sino porque el dinero, queramos o no, es uno de los grandes organizadores de nuestras vidas. Determina dónde vivimos, qué comemos, cómo educamos a nuestros hijos y hasta cuándo podemos jubilarnos. Y sin embargo, hablamos de dinero con la misma naturalidad con la que hablamos de sexo en una cena de familia: casi nunca, y siempre mal.
En mi archivo tengo entrevistas a mileuristas que ahorran como ermitaños y a millonarios que viven al día. Tengo a jóvenes que se endeudan para comprar un móvil y a jubilados que esconden billetes debajo del colchón. He visto de todo. Y después de tantos años, he llegado a una conclusión: la cultura del dinero no se hereda, se aprende —y la mayoría de nosotros lo hemos aprendido fatal.
“El dinero no es el problema. El problema es no saber qué hacer con él. Y el segundo problema es creer que saber qué hacer con él te hace mejor persona.”
— Esteban Luarca Mendizábal, de mis cuadernos
Los dos grandes mitos del ahorro
He escuchado dos frases mil veces. La primera: «El dinero no da la felicidad». La segunda: «Hay que ahorrar para el futuro». Ambas son verdades a medias, y las medias verdades son más peligrosas que las mentiras completas.
La primera es un consuelo para quienes no tienen dinero y una excusa para quienes teniéndolo no lo disfrutan. He conocido a personas con cuentas millonarias que vivían atormentadas por el miedo a perderlo. Y he conocido a personas con muy poco que vivían con una generosidad y una ligereza que daban envidia. El dinero no da la felicidad, pero la falta de dinero da mucha infelicidad. Esa es la verdad incómoda que nadie quiere contar.
La segunda frase —«hay que ahorrar para el futuro»— ha creado una generación de acaparadores ansiosos. He entrevistado a personas que se privan de todo durante décadas para llegar a la jubilación con un colchón, y cuando llegan, están enfermos, solos o han perdido la capacidad de disfrutar. El ahorro no es un fin en sí mismo. Es un medio. Y si no sabes para qué ahorras, estás convirtiendo tu vida en un almacén de billetes.
“Entrevisté a una señora de 78 años que había ahorrado toda su vida para ‘los tiempos difíciles’. Cuando le pregunté cuáles eran esos tiempos, me dijo: ‘pues ahora’. Estaba sola, con problemas de salud, y su mayor preocupación era que el banco le cobrara comisiones. No había viajado, no había comido bien, no había ayudado a sus hijos. Había vivido para ahorrar. Y al final, el dinero no le servía para nada.”
— Extracto de mi archivo, entrevista en Valladolid, 2019
Lo que he visto: patrones que se repiten
Después de miles de entrevistas, he identificado tres patrones que explican por qué algunos viven con tranquilidad financiera y otros viven ahogados, aunque ganen lo mismo.
Los 3 patrones de la relación con el dinero (según mi archivo)
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1
El que vive en el presente sin red — Gasta todo lo que ingresa, a veces más. Vive al día, pero sufre cualquier imprevisto. Suelen tener deudas de consumo y una ansiedad constante. No es que sean irresponsables. Es que no han aprendido a diferir el placer. Y nadie les enseñó.
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2
El que ahorra por miedo — Guarda sin saber por qué. Su vida es una renuncia constante. Nunca se permite nada. Llega a fin de mes con un colchón, pero no disfruta del camino. Suelen tener una relación obsesiva con el dinero y les cuesta delegar o compartir.
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3
El que ahorra con propósito — Sabe para qué guarda: un viaje, una casa, la educación de sus hijos, una jubilación digna. No se priva de todo, pero no malgasta. Vive con equilibrio. Es el más raro, pero también el más feliz. Y no siempre es el que más gana.
La mayoría de la gente en mi archivo está en el grupo 1 o 2. El grupo 3 es una minoría, pero sus historias son las que más enseñan.
El dinero como lenguaje de valores
Una de las cosas que más me ha sorprendido en mis entrevistas es que la forma en que una persona gasta su dinero cuenta más sobre sus valores que cualquier declaración de intenciones. Puedes decir que te importa el medio ambiente, pero si tu dinero va a combustibles fósiles y a moda rápida, tus valores son otros. Puedes decir que te importa tu familia, pero si gastas más en el coche que en tiempo con ellos, tus prioridades son otras.
He entrevistado a personas que ganaban 1.500 euros al mes y destinaban 200 a ayudar a sus padres, 100 a un banco de alimentos y el resto a vivir dignamente. Y he entrevistado a personas que ganaban 5.000 euros al mes y no daban ni un euro a nadie, porque «el dinero es mío». La diferencia no es el dinero. Es la conciencia sobre lo que el dinero puede hacer.
“El dinero no es neutro. Cada vez que gastas, votas por el mundo que quieres. Cada vez que ahorras, eliges en quién te conviertes.”
Una propuesta incómoda: hablar de dinero con honestidad
Llevamos décadas diciéndonos que el dinero no se menciona, que es vulgar, que da mala educación. Y el resultado es que la mayoría de la gente no sabe gestionar sus finanzas, se endeuda por no pedir ayuda y llega a la jubilación con las manos vacías. Hemos convertido el dinero en un tabú, y los tabúes siempre benefician a los que ya saben cómo funciona el sistema.
Por eso, desde mi archivo de entrevistas, quiero hacer una propuesta: empecemos a hablar de dinero como hablamos de salud. Con naturalidad, con datos, con honestidad. Preguntemos a nuestros padres cómo gestionaban el sueldo. Enseñemos a nuestros hijos a hacer un presupuesto antes de que tengan que pedir un préstamo. Compartamos con nuestros amigos cuánto gastamos en alquiler, para que sepan que no están solos en la lucha.
He visto a demasiadas personas sufrir en silencio por deudas que podrían haberse evitado con un poco de educación financiera. Y he visto a demasiadas personas acumular riqueza sin ser felices, porque nunca se pararon a pensar para qué querían el dinero.
El dinero, bien usado, es una herramienta de libertad. Mal usado, es una cadena. Y la diferencia entre una cosa y otra no la decide tu sueldo, sino tu cabeza. Ojalá en mis próximas entrevistas encuentre a más personas del grupo 3: las que ahorran con propósito, gastan con conciencia y viven con equilibrio. Porque esas son las que, al final, me cuentan historias que merecen ser contadas.
— Esteban Luarca Mendizábal, desde el archivo de las finanzas humanas, julio de 2026.
