Historias de Misterio y Suspenso | Thriller PsicológicoRelatos

El nahual que me siguió durante 7 noches – Testimonio real de Mateo, 41 años (San Cristóbal de las Casas, Chiapas)

Por: Esteban Luraca | Tiempo de lectura: 7 minutos

Conocí a Mateo en un mercado de San Cristóbal de las Casas. Él vende café. Yo compraba café. Nos saludamos. Algo en su mirada me hizo preguntarle si tenía alguna historia que contar.

—Tengo una —dijo—. Pero no sé si querrá escucharla.

Quedamos al día siguiente en su casa. Me ofreció un asiento de madera frente a un altar con veladoras y una foto de la Virgen de Guadalupe.

—Esto me pasó hace cinco años. No se lo he contado a nadie que no sea de aquí. Pero usted tiene cara de haber visto cosas.

No respondí. Solo asentí.


🐾 La primera noche

Todo empezó un martes. Mateo volvía a su casa después de cerrar el puesto. Eran casi las once de la noche. La calle estaba vacía. O eso creía.

—Sentí una mirada. No sé cómo explicarlo. No era miedo. Era una sensación en la nuca. Como si algo supiera exactamente dónde estaba yo.

Mateo se giró. No vio nada. Siguió caminando. Pero la sensación no desapareció.

—Cuando llegué a mi puerta, miré hacia atrás. Había una sombra. No era un perro. No era una persona. Era una forma que no conseguía definir.

Entró en su casa. Cerró la puerta. No durmió bien.


🌕 Las noches siguientes

La segunda noche, la sombra estaba más cerca. Mateo la vio desde la ventana de su cocina. Permanecía inmóvil. Como si esperara algo.

—Pensé que era un animal. Un perro grande. Pero los perros no tienen los ojos así. Brillaban. No como los de un animal. Como los de alguien que piensa.

La tercera noche, la sombra no estaba en la calle. Estaba en su jardín. Mateo salió con un machete. La sombra no se movió. Pero cuando él levantó el brazo, ella retrocedió. Un paso. Despacio. Sin prisa. Como si supiera que no podía hacerle daño.

—Esa noche no dormí. Me quedé en la sala, con las luces encendidas, viendo la puerta hasta que amaneció.


🤫 El consejo de la abuela

Al cuarto día, Mateo fue a ver a su abuela. Ella vive en las afueras. Tiene fama de saber. De ver. De entender lo que otros no ven.

—Le conté todo. No se sorprendió. Solo me miró y me dijo: «Es un nahual, m’hijo. Alguien te lo mandó».

Mateo no creía en nahuales. Había oído historias de niños, de borrachos, de gente del campo. Pero él vivía en la ciudad. Era comerciante. Tenía dos hijos. Una esposa. Una vida normal.

—¿Quién querría hacerme daño? —preguntó a su abuela.

Ella no respondió. Le dio una bolsa con hierbas, un espejo pequeño y una vela negra.

—Esta noche, cuando lo veas, enciende la vela. Ponte el espejo en el pecho. Y dile: «Ya te vi. Ya no me da miedo. Vete».


🕯️ La séptima noche

Esa noche, Mateo hizo lo que su abuela le dijo. La sombra apareció en su jardín a las 22:13. Más cerca que nunca.

—Encendí la vela. Me puse el espejo en el pecho. Salí al jardín. Y le dije: «Ya te vi. Ya no me da miedo. Vete».

La sombra se detuvo. Mateo sintió que el aire se volvía pesado. Como si alguien estuviera empujando desde dentro de su pecho.

—El espejo se calentó. Literalmente. Tuve que soltarlo. Cayó al suelo. No se rompió.

La sombra dio un paso atrás. Luego otro. Luego se desvaneció. No como humo. Como si se hubiera ido por dentro de la tierra.

—El jardín se quedó en silencio. No cantaban los grillos. No ladraban los perros. Nada. Solo yo. Y la vela encendida.

Mateo entró en su casa. Durmió toda la noche. Sin pesadillas. Sin sombras.

—Nunca más volvió —dice—. Pero a veces, cuando camino solo por la noche, aún siento que alguien me mira. Y me acuerdo.


🌙 Lo que aprendió Mateo (y lo que yo aprendí de él)

Le pregunto a Mateo si cree que fue un nahual de verdad. O una alucinación. O un sueño.

—No lo sé. Pero sé lo que vi. Y sé lo que sentí. Miedo. Miedo de verdad. El que te paraliza. El que te hace dudar de todo.

—¿Y ahora?

—Ahora respeto lo que no entiendo. Y no me meto donde no me llaman.

Le pregunto si cree que alguien le mandó esa sombra. Un enemigo. Un envidioso. Alguien que le quería hacer daño.

—Mi abuela dice que sí. Yo no sé. Pero si existe alguien capaz de hacer eso, no quiero saberlo. Mejor vivir tranquilo.

Mateo me ofrece otro café. Lo acepto. Nos despedimos en la puerta de su casa. El sol ya se pone. Las sombras empiezan a alargarse.

—Cuídese —me dice—. Y no mire atrás cuando sienta algo. Esa es la peor hora.

Me voy caminando. No miro atrás. Pero lo escucho. Y sé que tiene razón.


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Nota: Esteban Luraca ha pasado gran parte de su vida en Latinoamérica. Conoce los pueblos, los mercados, los silencios y los miedos de los que escribe. No intenta convencer. Solo cuenta lo que vio, lo que le contaron, lo que aún no tiene explicación.

Esteban Luarca Mendizabal

Esteban Luarca Mendizábal es periodista, cronista y coleccionista de historias. Durante treinta años ha recorrido España y Latinoamérica recopilando más de diez mil testimonios, leyendas y crónicas. Su obsesión: rescatar del olvido lo que merece ser recordado. Autor de Entrevistas Paranormales entre otras obras destacables. En 13Nix, escribe sobre lo que ha vivido.

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