La Creadora no ama: crea. Su vida es una obra en constante construcción, un proyecto que nunca termina, una obsesión que no la deja descansar. Puede ser una artista, una escritora, una emprendedora, una madre que construye futuro, pero siempre está haciendo algo. Siempre está dando forma a algo. Y mientras crea, olvida vivir. Se olvida de amar. Se olvida de sí misma. Porque la Creadora, la maldita Creadora, cree que su obra es más importante que su vida. Y el amor, querida, no se crea. Se habita. Esta entrada es para las que han confundido la creación con la existencia. Para las que han dado todo a su obra y no han dejado nada para ellas. Para las que necesitan aprender, como yo, que la obra no es un sustituto de la vida. Y que el amor, el de verdad, no se construye con las manos. Se siente con el corazón.
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