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Sabías que… en un pueblo de Burgos saltan sobre bebés para limpiarles el pecado original

Cada año, a finales de mayo o principios de junio, el pequeño pueblo de Castrillo de Murcia, en la provincia de Burgos, se convierte en el escenario de una de las tradiciones más controvertidas y fascinantes de España. No es una fiesta cualquiera. Es una celebración que parece sacada de otro tiempo, un ritual que mezcla lo sagrado y lo profano, la fe y la superstición, la vida y el riesgo.

El protagonista es El Colacho. Un hombre disfrazado de diablo, con una máscara grotesca y un látigo en la mano. Y su misión, si se puede llamar así, es saltar sobre colchones donde han sido colocados bebés nacidos durante el año. El salto, dicen los lugareños, limpia a los recién nacidos del pecado original y los protege del mal.

No es una broma. No es una exageración. Es una tradición que se remonta al siglo XVII y que, a pesar de las críticas y la polémica, se sigue celebrando cada año. La Iglesia la ha tolerado durante siglos. Los turistas la buscan con curiosidad. Y los vecinos la defienden con la misma pasión con la que sus antepasados la iniciaron.

«Saltar sobre los bebés es una forma de ahuyentar al demonio y proteger a los recién nacidos. Es una tradición que llevamos haciendo siglos.»

— Vecino de Castrillo de Murcia

1. Castrillo de Murcia: un pueblo con historia

Castrillo de Murcia es un pequeño municipio de la provincia de Burgos, en la comunidad autónoma de Castilla y León. Tiene apenas unos 170 habitantes. Pero durante el fin de semana de la celebración del Corpus Christi, su población se multiplica. Llegan turistas, curiosos, periodistas y antropólogos de todas partes del mundo.

El pueblo está enclavado en la comarca del Valle del Cerrato, rodeado de campos de cereal y viñedos. Su historia se remonta a la Edad Media, y su iglesia parroquial, dedicada a San Esteban, es testigo de una tradición que ha sobrevivido a guerras, epidemias y cambios sociales.

La fiesta del Corpus Christi es la gran celebración del pueblo. Pero lo que hace única a esta fiesta no es la procesión, ni la misa, ni los altares adornados con flores. Lo que hace única a esta fiesta es El Colacho.

«Llegué a Castrillo de Murcia por casualidad, buscando una ruta de pueblos con encanto. Me encontré con esta tradición y no podía creer lo que veía. No es algo que se vea todos los días. Y, sin embargo, los vecinos lo hacen con una naturalidad que te deja sin palabras.»

— Testimonio de Carlos, 48 años, viajero

2. ¿Quién es El Colacho?

El Colacho es un personaje central en la tradición de Castrillo de Murcia. Viste un traje de colores vivos, una capa y una máscara que representa al diablo. Lleva un látigo en la mano y, en ocasiones, una vejiga de cerdo inflada con la que golpea a los presentes como parte del espectáculo.

El nombre de «Colacho» proviene probablemente del término «colacho», que en algunas zonas de España se utiliza para referirse a un personaje grotesco o bufonesco. Pero el Colacho de Castrillo no es un bufón. Es un símbolo. Es el diablo encarnado que, según la tradición, debe ser vencido por la fe.

El papel de El Colacho lo desempeña un vecino del pueblo, normalmente un hombre joven, que se prepara durante semanas para el evento. No es un papel cualquiera. Es un honor y una responsabilidad. El Colacho encarna la lucha entre el bien y el mal, entre la fe y la tentación.

El salto de El Colacho sobre los bebés es el momento culminante de la celebración. Los bebés, vestidos con sus mejores galas, son colocados sobre colchones en el suelo. El Colacho, con la agilidad y la precisión de un atleta, corre y salta sobre ellos. Los vecinos, el cura y los padres observan. Y, después del salto, el cura bendice a los bebés.

«El Colacho es el diablo, pero también es parte de nuestra identidad. Sin él, la fiesta no sería lo mismo.»

— Vecina de Castrillo de Murcia

3. El origen de una tradición centenaria

Los orígenes de El Colacho se pierden en la noche de los tiempos, pero la mayoría de los historiadores sitúan su inicio en el siglo XVII. En aquella época, la religiosidad popular era intensa y las celebraciones del Corpus Christi se convertían en auténticos espectáculos que mezclaban la liturgia con representaciones teatrales.

La figura del diablo, derrotado por la Eucaristía, era un elemento común en estas celebraciones. El salto sobre los bebés, sin embargo, es un elemento único de Castrillo de Murcia. No se conoce ninguna otra tradición similar en el mundo.

La explicación más extendida es que el salto de El Colacho simboliza la derrota del pecado original. El diablo, representado por El Colacho, salta sobre los bebés para liberarlos de la mancha del pecado original. Una vez que el diablo ha saltado, el bebé queda purificado y protegido.

El etnógrafo que no necesita nombre lo explica con claridad: «El Colacho es una representación del diablo que, al ser vencido por la Eucaristía, es expulsado y, en su huida, salta sobre los bebés para limpiarlos del pecado original. Es un ritual que combina la teología católica con las creencias populares».

Durante siglos, la Iglesia toleró esta tradición. Incluso en algunos momentos, los párrocos locales participaban activamente en ella. No fue hasta el siglo XX, con la modernización de la Iglesia y el auge de las corrientes más conservadoras, cuando la tradición empezó a ser cuestionada.

«Mi abuela me contaba que su abuelo ya había visto a El Colacho saltar sobre los bebés. Es una tradición que se ha transmitido de generación en generación. No es algo que se pueda explicar con palabras, hay que vivirlo.»

— Testimonio de José, 67 años, vecino de Castrillo de Murcia

4. El debate: ¿tradición o peligro?

No todo el mundo ve con buenos ojos a El Colacho. En las últimas décadas, la tradición ha sido objeto de críticas por parte de asociaciones de protección de la infancia y de algunos sectores de la Iglesia.

Los críticos argumentan que saltar sobre un bebé, por muy controlado que esté el salto, supone un riesgo innecesario. El Colacho debe calcular con precisión su salto para no tocar a los bebés. Un error podría tener consecuencias graves.

También hay quienes consideran que la tradición es una forma de maltrato infantil disfrazada de folklore. La imagen de un hombre disfrazado de diablo saltando sobre bebés no es precisamente la más adecuada para la sensibilidad moderna.

Sin embargo, los defensores de la tradición argumentan que el salto está perfectamente controlado y que no hay constancia de ningún accidente en la historia de la celebración. El Colacho es un experto. Lleva años practicando. Y los bebés están protegidos por los colchones y por sus padres.

El debate se ha intensificado en los últimos años. En 2016, el Arzobispado de Burgos pidió a los párrocos de la diócesis que no participaran en la celebración. La Iglesia, que durante siglos había tolerado la tradición, empezaba a distanciarse. Sin embargo, la presión de los vecinos y el valor turístico de la tradición han impedido su desaparición.

El antropólogo que no necesita nombre lo explica con equilibrio: «El Colacho es una tradición que hay que entender en su contexto. No se puede juzgar con la mentalidad del siglo XXI una práctica que tiene cuatro siglos de antigüedad. Lo que hoy nos parece extraño, para nuestros antepasados era una forma de proteger a sus hijos».

«El Colacho no es peligroso. Es una tradición que ha sobrevivido siglos. Si hubiera sido peligrosa, ya habría desaparecido.»

— Vecino de Castrillo de Murcia

5. El Colacho y el turismo: una tradición que atrae

A pesar de las críticas, El Colacho se ha convertido en un importante reclamo turístico. Cada año, cientos de personas se desplazan a Castrillo de Murcia para presenciar el salto. La mayoría son españoles, pero también llegan extranjeros atraídos por la rareza de la tradición.

La celebración dura varios días. El domingo de Corpus Christi es el día grande. Por la mañana, se celebra una misa solemne. Después, la procesión recorre las calles del pueblo. Los vecinos visten sus mejores galas y los altares se adornan con flores. Y, al final, llega el momento más esperado: El Colacho.

La tradición ha sido declarada Fiesta de Interés Turístico Regional, lo que ha contribuido a su difusión y a su protección. El Ayuntamiento de Castrillo de Murcia ha sabido aprovechar el tirón turístico para promocionar el pueblo y sus productos locales.

El periodista que no necesita nombre lo resume con ironía: «El Colacho es una de esas tradiciones que no sabes si defender o criticar, pero que sabes que no puedes dejar de ver».

6. El simbolismo de El Colacho: una lucha eterna

Más allá de la polémica, El Colacho es una celebración llena de simbolismo. Representa la lucha eterna entre el bien y el mal, la fe y la tentación, la vida y la muerte.

El diablo, encarnado por El Colacho, es derrotado por la Eucaristía. Su salto sobre los bebés es la huida del derrotado, que en su fuga purifica a los inocentes. Es una forma de recordar que el mal nunca triunfa, que la fe siempre vence.

La antropóloga que no necesita nombre lo explica con profundidad: «El Colacho es un rito de paso. Los bebés que son saltados quedan protegidos, no solo del pecado original, sino de todas las amenazas que la vida pueda traer. Es una forma de decir: «tienes el favor de la comunidad y de Dios».

El filósofo y poeta que no necesita nombre dijo: «Las tradiciones no se explican, se viven. Y quienes intentan comprenderlas desde fuera, a menudo las malinterpretan». El Colacho es una de esas tradiciones que no se pueden juzgar sin haberlas vivido.

«Las tradiciones no se explican, se viven. Y quienes intentan comprenderlas desde fuera, a menudo las malinterpretan.»

— Reflexión

7. Lo que El Colacho nos enseña sobre la identidad

El Colacho es mucho más que una curiosidad. Es un reflejo de la identidad de un pueblo. En un mundo cada vez más globalizado, donde las tradiciones se diluyen y las culturas se homogeneizan, Castrillo de Murcia mantiene viva una tradición que lo define.

No es una tradición fácil. No es una tradición cómoda. Pero es su tradición. Y los vecinos la defienden con orgullo, conscientes de que es lo que les hace únicos.

El escritor y filósofo que no necesita nombre dijo: «La identidad de un pueblo no está en sus monumentos, sino en sus tradiciones. Y las tradiciones, por extrañas que parezcan, son el alma de una comunidad».

El Colacho, con su salto sobre los bebés, es el alma de Castrillo de Murcia. Un alma que, a pesar de los años, las críticas y los cambios, sigue saltando.

La próxima vez que oigas hablar de una tradición extraña, recuerda que, detrás de cada ritual, hay una historia, una comunidad y una forma de entender el mundo. El Colacho no es solo un hombre saltando sobre bebés. Es la historia de un pueblo que se niega a desaparecer.

«La identidad de un pueblo no está en sus monumentos, sino en sus tradiciones. Y las tradiciones, por extrañas que parezcan, son el alma de una comunidad.»

— Reflexión
🔗 Para conocer más sobre El Colacho y otras tradiciones españolas: National Geographic ofrece un artículo sobre esta tradición. BBC Mundo también ha cubierto la polémica en torno a El Colacho.
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📌 En resumen (para llevar siempre contigo)

  • El Colacho es una tradición que se celebra en Castrillo de Murcia (Burgos) durante el Corpus Christi.
  • Un hombre disfrazado de diablo salta sobre colchones donde han sido colocados bebés nacidos durante el año.
  • El salto simboliza la derrota del pecado original y la protección de los recién nacidos.
  • La tradición se remonta al siglo XVII y ha sobrevivido a pesar de las críticas.
  • La Iglesia ha tolerado la tradición durante siglos, aunque en los últimos años ha mostrado su desacuerdo.
  • El Colacho es un reclamo turístico que atrae a cientos de visitantes cada año.
  • Más allá de la polémica, El Colacho es un reflejo de la identidad y la historia de un pueblo.
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Cultura y Sociedad — tradiciones, costumbres y datos sorprendentes.
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La próxima vez que oigas hablar de una tradición extraña, recuerda que, detrás de cada ritual, hay una historia, una comunidad y una forma de entender el mundo. El Colacho no es solo un hombre saltando sobre bebés. Es la historia de un pueblo que se niega a desaparecer.

Esteban Luarca Mendizábal
Periodista, cronista y coleccionista de historias que merecen ser contadas.
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Esteban Luarca Mendizabal

Esteban Luarca Mendizábal es periodista, cronista y coleccionista de historias. Durante treinta años ha recorrido España y Latinoamérica recopilando más de diez mil testimonios, leyendas y crónicas. Su obsesión: rescatar del olvido lo que merece ser recordado. Autor de Entrevistas Paranormales entre otras obras destacables. En 13Nix, escribe sobre lo que ha vivido.

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